LA OCUPACION DE ESPACIOS PÚBLICOS

Por Guillermo V. Lascano Quintana

Hace casi 90 años, José Ortega y Gasset, al describir y analizar la situación de  la España de aquella época, señalaba, con justeza histórica, que “la incorporación nacional, la convivencia de pueblos y grupos sociales exige alguna empresa de colaboración y un proyecto sugestivo de vida en común” y lamentando que ello no sucediera en aquel país, en esos tiempos, agregaba un frase lapidaria y perfectamente aplicable a la actualidad argentina, al escribir “La única forma de actividad pública que al presente, por debajo de palabras convencionales, satisface a cada clase, es la imposición inmediata de su señera voluntad; en suma, la acción directa (España Invertebrada, 1922). Y lo segundo era consecuencia de lo primero.

Lo  que ha sucedido en la ciudad de Buenos Aires, con la ocupación de una plaza pública, por hombres y mujeres presuntamente necesitados de vivienda, la reacción de los vecinos de ese predio y las actitudes asumidas por gobernantes y dirigentes políticos y sociales muestra, bien a las claras, el drama de nuestro presente que sólo no se transformará en tragedia, si los argentinos reaccionamos e imponemos cordura, armonía y paz entre todos los que componemos la nación. Es decir que tengamos un proyecto en común que nos comprometa a todos.

Para que ello sea posible debemos comenzar por reconciliarnos, para lo cual se hace necesario que todos los sectores y todos los habitantes reconozcan a sus prójimos, con sus virtudes y sus defectos y que renovemos el pacto de vivir de acuerdo con la ley. La ejemplaridad que en esa tarea pongan las autoridades y los diversos dirigentes, será fundamental para coronarla con éxito.  Hombres y mujeres que hacen de la venganza una cruzada, gobernantes que no reconocen ni admiten las disidencias, dirigentes políticos o sociales que no conducen a sus seguidores por caminos sensatos y posibles, son un estigma del que hay que librarse, pronto.

Lo que hemos visto es, precisamente, la consecuencia de la falta de un proyecto que aglutine a todos los habitantes de la nación y la histérica acción y reacción de grupos sociales, en el marco de la más absoluta e indecente ausencia del Estado como garante de la paz y seguridad de todos.

A la acción directa de los intrusos del parque público, debía haber seguido la acción del Estado para poner orden, lo que implica asegurar el derecho de propiedad y el de transitar libremente; porque sin orden no hay justicia posible. Este debiera ser el curso de acción inmediato cada vez que se viola una norma. Después habrá tiempo para analizar las causas de la violación y mejorar – si cuadra y es posible – el origen de ello. De lo contrario sucede lo que acontece ahora, que por motivos políticos o ideológicos, se permite el desmadre más siniestro de la delincuencia con grave perjuicio para la sociedad en su conjunto.

Es cierto que frente a falta de acción gubernamental, la reacción de los vecinos adquiere los rasgos de la legítima defensa, que intenta, vana y desorganizadamente, poner orden. Si éste no se impone la degradación social, política e institucional, irá haciéndose cada vez más profunda y nos acercaremos al suicidio colectivo.

Es cierto, también, que debe haber complicidades e intereses espurios en la ocupación ilegal de los terrenos públicos. Seguramente, además, deben existir razones de peso para que cientos de infelices inmigrantes o argentinos indigentes, corran el riesgo de sufrir lesiones o perder la vida, al ocupar espacios ajenos, inducidos o en forma espontánea.

Lo que resulta intolerable es que apetencias políticas o posturas ideológicas paralicen la acción del Estado en una de sus funciones fundamentales, cual es, como se ha dicho, garantizar el orden y la paz. Quienes con su inacción o falta de previsión, contribuyeron al caos que se generó con la ocupación ilegal de espacios públicos, deben ser sancionados, sino por la justicia, por la implacable mano de la ciudadanía.

Si eso sucediera y a la vez hubiera un intento sincero de construir una patria para todos, en ella será posible debatir nuestro futuro sin estridencias, ni gestos destemplados, organizado nuestras potencialidades, que son enormes y subsanando nuestras debilidades e injusticias.

 

Guillermo V. Lascano Quintana

http://www.fororepublicano.com

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