Los ronin del Sr. Kirchner

Por Leonel Di Camillo – Foro Republicano –

¿Cómo quedará el panorama político argentino tras el fallecimiento de Néstor Kirchner? ¿Cómo será la nueva topografía de un poder político sin la cima que lo dominó por más de 7 años? Aún más, en particular y al margen de toda especulación respecto de una posible consolidación, aunque sea parcial, del poder público (¿será Cristina Fernández de Kirchner capaz de hacer gravitar sobre sí la suma del poder, tal como lo logró su marido?), lo incuestionable es que ese poder está distribuido en un pequeño puñado –pero dudosamente homogéneo- de manos. Esas manos carecen ya de la dirección precisa y férrea del expresidente. Ese grupo de sagaces operadores políticos ha quedado huérfano del padre que, con rigor los llevó consigo a acumular y usar un poder que, muy probablemente, ningún otro gobierno en el último período democrático argentino haya tenido la capacidad y oportunidad de ganar, sostener y aplicar para el logro de sus objetivos. Estos operadores, verdaderos samurai políticos, han perdido a su señor, pero no su porción –en algunos casos, cuantiosa- de poder.

En el Japón feudal, un “ronin” era un guerrero samurai cuyo señor había caído en desgracia o muerte. Unos 700 años después, a más de 20.000 kilómetros, la historia de los ronin se reedita en la Argentina contemporánea. El referido deceso del expresidente Néstor Kirchner transforma a sus principales operadores en auténticos ronin: ¿generales de ejércitos cuyas lealtades han terminado con la muerte de sus señor?

Por supuesto, siempre han existido estos “ronin políticos” y cada nuevo presidente ha promovido su propia tropa y sus propios generales, desplazando al ostracismo o al exilio a los antiguos. Sin embargo, hoy se presenta una grave diferencia que puede impulsar al país hacia un ciclo de crecimiento impulsado por inversiones (tal pareciera ser la lectura inicial que hicieran los mercados internacionales: el índice de riesgo país bajó a 511 puntos básicos) o bien, a una disputa feroz por la herencia del entramado de influencias que había logrado consolidar Néstor Kirchner. Recordemos que, en definitiva, un ronin no era más que un guerrero sin señor ni causa, sin otro oficio que el bushido (la disciplina del guerrero) y sin mayor instrumento que su katana (la espada propia del samurai); y en esto radica la distinción: los leales al fallecido, no están limitados por el bushido y detentan cargos clave desde los que tienen control directo y amplio sobre vastos recursos. Ese control puede tentarlos a ensayar algún proyecto propio o, tal vez, con mayor probabilidad, ofrecerlos a quien estimen con más chances de acceder a la máxima magistratura nacional en las próximas elecciones. El problema sería, en cualquier caso, que ese uso de ese poder parcial afecte la normal marcha de los asuntos del gobierno, o también, genere roces y conflictos internos.

Sin la fuerte unidad de mando que proveía Kirchner, será éste el momento en que su viuda deba desplegar toda su capacidad política. Será éste también el momento en que se revelarán los intereses reales de cada sector y de cada uno de los ronin del Sr. Kirchner.

 

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