LA META PRINCIPAL DE UN PODER AUTORITARIO.

Por Elena Valero Narváez

El poder ejecutivo por medio de un decreto regula contenidos que podrían difundir los canales de televisión y las radios.  Apura la venta compulsiva de licencias aunque existen fallos que suspenden la aplicación de la Ley de Medios sancionada por el Congreso en octubre pasado. A la vez, aumenta los recursos para asignar publicidad oficial en otra clara actitud autoritaria.  Permite, además, el avance de Hugo Moyano sobre la propiedad privada y en puestos que toleran una ingerencia cada vez mayor en las decisiones políticas.

Si bien hay problemas que necesitan de urgente solución,  uno es primordial atender si queremos asegurar que se remedien los otros.

La desinstitucionalización de la opinión pública, que pretende lograr a toda costa la pareja presidencial mediante el avasallamiento de la libertad de información, es el más grave de los problemas que nos afectará con pésimas consecuencias si no continua avanzando la Justicia y  las fuerzas políticas opositoras para impedirlo.

La firme decisión kirchnerista de descalificar e impedir la libre expresión de quienes se oponen al gobierno es intolerable porque con ella se ataca al pilar más importante del  sistema democrático.

La democracia permite la alternancia en el poder y el control del poder por varios medios, siendo el más importante la opinión pública institucionalizada. Si el gobierno no acepta ser controlado y limitado por otro poder, o poderes, deviene en absoluto aunque inicialmente haya sido democrático.

Los argentinos seguimos observando absortos como el gobierno con sus acciones está debilitando la pluralidad de poderes, factor esencial para lograr disminuir conflictos e institucionalizarlos. También para permitir la formación de un sistema de partidos.

Estamos padeciendo un ataque al pluralismo de ideas y a la propiedad privada con un objetivo claro: no permitir la diversificación del poder identificando sus intereses personales con los intereses generales. Utilizan aviesamente, para ello, el poder que el Estado tiene para mantener el orden  y  las facultades que, por situación de crisis, se le otorgó al Ejecutivo aumentando, de esta forma, la concentración del poder en manos kirchneristas.

Sin embargo, fomenta el optimismo, saber que la Justicia pretende aire financiero para no depender del presidente,  las resoluciones que han obstaculizado los avances del gobierno sobre la libertad de prensa y las relacionadas con el manejo discrecional de la designación de jueces.

Necesitamos, si queremos vencer a un gobierno que no quiere ceder en disminuir las cuotas de poder, que  las fuerzas `políticas se acepten mutuamente y que luchen para que los Kirchner no las dividan.

La presidente no quiere la consolidación del sistema de partidos,  denigra  la política para hacer lo que secretamente planea con su marido: estatizar y burocratizar a la sociedad para poder administrarla a su antojo. Multiplica los controles para destruir las actividades voluntarias como lo ilustra el fascismo, el comunismo y el nacional socialismo. Es por ello que, en la práctica, le interesa más la idea de  movimiento que de partido, en un claro intento de deificarse como líder absoluto proponiendo el camino hacia el autoritarismo.

Con la debilidad de los partidos aparece, como siempre pasa, el aumento del poder de las corporaciones. Tenemos el ejemplo visible en el aumento del poder sindical que atiende a sus intereses dejando de lado lo que bien hacen los partidos. Estos abarcan las demandas de la sociedad global y no meramente las de un grupo o sector, teniendo en cuenta las posibilidades reales que existen para satisfacerlas.

Elaboran ideas y programas que tratan de satisfacer las necesidades de todos, aunque especialmente la de sus partidarios. Esperemos que el 2011 llegue con líderes capaces de encarnarlas.

Los diarios trasuntan que hasta funcionarios kirchneristas están hartos de la estructura corporativa que armó el gobierno.

Los que tienen ambiciones políticas,  saben  que se verán perjudicados en la captación de un futuro caudal de votos, por la declinación económica que provoca un sistema donde unos pocos sectores concentran la asignación de recursos e imponen al resto costos sociales altísimos producto de la baja productividad que el sistema, inevitablemente, proporciona.

Comerciantes, productores agropecuarios, empresas privadas que no cuentan con la simpatía del gobierno o, porque los recursos del Estado son escasos para brindar privilegios, se ven afectados  por los controles e intervenciones.

Como expresé al principio de la nota ningún problema podrá tener solución viable si se obtura el pilar máximo en que se apoya la democracia: la opinión pública asegurada y protegida por el poder político. Sin ella los gobernantes  abren el camino hacia el autoritarismo y a la proliferación de la arbitrariedad desde lo más alto del poder. Se utiliza al Estado como pillaje y se intenta acabar con cualquier poder alternativo  como, claramente, lo demuestran  Cristina y Néstor Kirchner.

Elena Valero Narváez. Autora de “El Crepúsculo Argentino”. Lumiere.2006

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