¿Estás estudiando la carrera correcta?

Por Agustín Etchebarne – Foro Republicano –

Cuando Leibniz murió en 1716, murió el último pensador que se dice que conocía “todo” el pensamiento de su época. Hizo aportes sustanciales en metafísica,  epistemología, lógica, filosofía de la religión, matemática, física, geología, jurisprudencia e historia. “Nadie había leído tanto, pensado tanto y escrito tanto como él.”

Sin embargo, hoy día esa pretensión luce lejana. Desde entonces, la explosión de conocimiento es cada vez más abrumadora. Se editan más de 3000 nuevos libros por día, decenas de revistas de matemáticas publican nuevos teoremas y sus resoluciones todos los meses. Cientos de miles de científicos en todos los continentes avanzan en diferentes campos cada vez más especializados, compartimentos estancos demasiado desconectados entre sí.

Las viejas disciplinas ya no son lo que eran. En la época de Leibniz, la ciencia era un reservorio de certezas absolutas, producidas a través de un método reconocido, comprobable, objetivo. Y la física era el mayor exponente de esta ciencia racional que asombraba al mundo y ubicaba a la racionalidad humana en la categoría más alta del pensamiento. Pero con Einstein, el tiempo y el espacio físico se transformaron en relativos, con Heisenberg descubrimos que dentro del átomo existe la incertidumbre, Prigogine nos alertó que ciertamente el azar rige estas cosas, y Mandelbrot nos introdujo en la Ciencia del Caos y de los Sistemas Complejos. Las certezas absolutas se transformaron en relativas, inciertas, azarosas, caóticas, complejas, creativas y ricas. Aunque esté muerto, el filósofo de la ciencia del s XXI será Feyerabend, creador del anarquismo epistemológico, donde la ciencia se acerca al arte, donde las teorías científicas compiten por su estilo, y donde en toda sociedad libre no puede ni debe haber una Razón Abstracta Dominante (con mayúsculas) que asegure el progreso, sino que el progreso se da de manera caótica, desordenada, impredecible, conformando una maravillosa aventura no exenta de riesgos.

Surgen así nuevas disciplinas que cambian al mundo y nuestra forma de vivir. La informática, las telecomunicaciones, la biogenética, la nano-tecnología, la inteligencia artificial, la robótica. Podemos imaginarnos un mundo que dentro de un par de décadas sea francamente diferente, donde los robots sean mucho más comunes y con cada nueva generación se parezcan más a los humanos, y por otra parte, los seres humanos serán mejorados genéticamente para reducir el riesgo de contraer enfermedades, pero tal vez, también para desarrollar sus capacidades lingüísticas, su memoria, su capacidad de cálculo,…, no podemos descartar que se inyecten computadoras líquidas en sus torrentes sanguíneos que cumplirán infinidad de funciones, nanobots que combatan el cáncer célula por célula, foglets que intercepten la información que entra y sale de cada neurona de manera que puedan crear una realidad virtual no distinguible de la realidad real, órganos enteros que reemplacen a los originales, creados sintéticamente con una mezcla de biogenética y nanotecnología. Posiblemente para entonces se haya terminado la reingeniería del cerebro, y podamos replicarlo o mejorarlo, llegando el día en que las computadoras superen el Test de Turing que las compara con el cerebro humano. Pero dado que tienen una capacidad de comunicarse con mil millones de computadoras en un nanosegundo y de copiar casi instantáneamente lo que otra computadora requirió 10 años en aprender, el conocimiento crecerá de manera explosiva, como nunca antes. Las computadoras se mejorarán a sí mismas…

En este mundo que se avecina, la máquina de la felicidad imaginada por Robert Nozik, donde podremos vivir cualquier fantasía ya no parece tan lejana. Los padres insistiremos en que los chicos no se pasen el día enchufados en esas máquinas, que algunos considerarán “infernales” y otros “paradisíacas”. Otros padres serán ellos mismos adictos a las nuevas tecnologías…

Las carreras que tendrán mayor demanda dentro de dos décadas, aún no han sido inventadas. Mientras tanto, ya hay nuevas carreras, que tal vez no conoces, a menos que hayas visitado el sitio de The Singularity University (www.singularity.org), la universidad inspirada por Ray Kurzwail (www.kurzweilai.net) el mayor tecnólogo de finales del s XX.

Las nuevas carreras enseñarán a los alumnos a tener mentes capaces de aprender con rapidez y adaptarse al cambio permanente, mentes holísticas que utilicen ambos hemisferios cerebrales, dispuestas a enfrentar desafíos desconocidos, inimaginables y resolver problemas que hoy no existen. Mentes expertas en discriminar en un instante el conocimiento valioso dentro de un inmenso mar de información basura.

Tal vez, la única manera de tener éxito en este nuevo mundo que se aproxima a gran velocidad, sea recuperar el cerebro que teníamos antes de ingresar a la escuela, es decir, un cerebro despierto, curioso, ingenuo, imaginativo, maleable, interesado en todo lo que ocurre a nuestro alrededor, con una intacta capacidad de asombro. Tal vez tengamos que recuperar todo lo que mata la educación masiva impartida en la escuela.

En el nuevo mundo, las personas cambiarán de trabajo muchas veces, alternando con semestres de estudio, seminarios intensivos y años sabáticos.

Tal vez nos ayude aprender un idioma exótico, tocar música en un instrumento antiguo, pintar con colores inventados, escuchar poesía y volver a escribir con una caligrafía original.

¿La carrera o la universidad que has elegido te está preparando para este nuevo mundo?

Agustín Etchebarne – Foro Republicano

http://www.fororepublicano.com

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