El valor de la dignidad

Por el Lic. Aldo Abram, director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (CIIMA-ESEADE)

El martes 24 de agosto, muchos empresarios y dirigentes han sido invitados a una reunión en la que el gobierno dará un paso más en su embestida contra algunos medios de comunicación que tienen posición crítica. Esta tendencia es demasiado parecida a la política ejecutada por el Comandante Chávez contra la prensa libre, primero cerrando el canal más visto de Venezuela, RTCV. Luego, les sacó la concesión a decenas de radios. Ahora, persiguen a los accionistas del único gran canal de TV independiente que queda en el país, Globovisión.

Algunos funcionarios del gobierno local han hecho explícito su objetivo de tomar el control de la empresa Papel Prensa, que produce papel para diarios y cuya propiedad comparten el Estado, “La Nación” y “Clarín”. La semana pasada, se le ordenó a Fibertel que debe dejar de operar en 90 días; ya que no habría sido autorizada la transferencia de dicha concesión a Cablevisión. Sin embargo, hace rato que los plazos que tenía el Estado para tomar esta medida se vencieron; ya que, cuando se hicieron los trámites correspondientes, el Grupo Clarín todavía tenía buenas relaciones con el gobierno. Cabe aclarar que el oficialismo, en aquellas épocas, también permitió que se fusionaran Cablevisión y Multicanal, generando una evidente posición dominante en el negocio del cable; de la que hoy se quejan debido a que están enfrentados.

Si bien es algo que sucede desde hace décadas en la Argentina, cuando los funcionarios asumen en el gobierno, parece que se transforman en Dioses, con poder absoluto sobre “vida y obra” de sus conciudadanos. Es así como, desde el Estado, las normas se aplican según el arbitrio de quienes coyunturalmente lo administran, premiando a quiénes actúan según los deseos del poder de turno o castigando a los que no se someten. ¿En qué país con una democracia republicana vigente alguien se puede imaginar a un Secretario de Estado, en medio de una asamblea de accionistas de una empresa privada, gritando que allí sólo se hará lo que él ordene porque es el dueño? ¿Dónde más hubiera podido mostrar guantes y casco de box para amedrentar a los que participan en una reunión o arrojarle una silla a un asistente legal?

Es evidente que quienes asumen en el Estado han olvidado que su poder les fue delegado por los ciudadanos que los votaron a ellos o a quienes los eligieron para cumplir una determinada función ejecutiva. Por ello,  al Presidente se lo llama, también, Mandatario; ya que tiene el mandato de quienes lo eligieron. Es decir, son los votantes los mandantes; pero en la Argentina, parece que fuera al revés. Los argentinos pasamos a ser súbditos de quienes elegimos a través de las urnas, en vez de que ellos estén a nuestros servicios.

Es evidente la responsabilidad en este desorden institucional que tienen quiénes ejercen cargos públicos fuera de los límites de la Constitución Nacional y, también, la Justicia y el Congreso, que no cumplen eficazmente su rol de acotar esas transgresiones. Sin embargo, el resto de los argentinos también tenemos que hacernos cargo de nuestra parte de culpa en lo que nos pasa; ya que, no sólo no reclamamos por estas actitudes que violentan derechos e instituciones, sino que hasta las apoyamos con nuestro voto.

De todas formas, la responsabilidad mayor le cabe a nuestra dirigencia empresaria, profesional e intelectual que es la que debería dar el ejemplo y liderar la defensa de nuestras instituciones vigentes en la Carta Magna. En vez de ello, algunos asisten a reuniones con  funcionarios que saben  les faltará el respeto continuamente y, además, se lo permiten. Otros, para evitar esa humillación, mandan a un alto directivo de la empresa, demostrando que, no sólo carecen de dignidad, sino de coraje.

Es cierto, siempre está presente la amenaza de usar el poder del Estado para castigar a los que se “retoban”. Entonces, cabe preguntarse cuánto vale la dignidad de cada uno de nosotros. Si quiénes tienen más “espaldas” económicas o intelectuales se someten a las humillaciones del poder, ¿qué les queda a los que menos tienen?

No se trata de defender a determinada empresa o grupo. A algunos de los que hoy se quejan de las embestidas del gobierno les cabe la frase: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. La mayoría no hizo nada cuándo esos mismos funcionarios “fueron” por “otros”; porque “ellos” no eran parte de esos “otros”.

Se trata de unirnos para evitar que se sigan avasallando los derechos e instituciones y exigirles a los funcionarios que ejerzan sus cargos dentro de los límites que marca la Constitución Nacional. Es decir, asumir plenamente la responsabilidad cívica que nos corresponde.

“El populismo es la única alternativa democrática para un país con un pobre nivel de dirigencia empresaria, intelectual y profesional.”

http://ciima.org.ar/

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