DEFICIT DE CIUDADANIA (tercera parte)

¿FIN DE LA EMERGENCIA ECONÓMICA?

– Por Dr. Jorge R. Enríquez –

En enero de 2002, en medio de una aguda crisis económica que derivó en el corralito, el corralón, el default, la devaluación y la pesificación asimétrica, el Congreso Nacional sancionó la ley de emergencia económica.

Mediante dicha norma, se facultaba al Poder Ejecutivo a fijar tarifas, renegociar contratos de servicios públicos y, en general, disponer de medidas en el área económica por su cuenta. La gravedad de la emergencia justificaba esta amplia delegación de atribuciones legislativas en el Presidente, por la celeridad con que debía actuarse, que es difícil de alcanzar en cuerpos colegiados como las cámaras parlamentarias.

La emergencia pasó mucho más rápido que lo que se preveía.  Ya a mediados de 2002 comenzó la reactivación de la economía. En los años siguientes, merced a un escenario internacional que había cambiado sustancialmente, con la extraordinaria mejora de los precios de las materias primas que nuestro país exporta, el crecimiento se consolidó, no así la distribución de la riqueza, obscenamente injusta respecto de los sectores más postergados de la sociedad.

Desde entonces, el gobierno nacional viene ufanándose de que la Argentina crece a “tasas chinas”. Sin embargo, la ley de emergencia económica no sólo no se derogó, sino que fue varias veces prorrogada por períodos de un año, salvo a fines de 2009 cuando, como el kirchnerismo estaba por perder su control del Congreso, la hizo prorrogar por dos, hasta la expiración del mandato de Cristina Kirchner.

La oposición ha anunciado que presentará un proyecto para derogar esa ley. El anuncio despertó la airada reacción del presidente del bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi, quien declaró: “Es una barbaridad. Esta ley es una herramienta que el Gobierno utiliza para gestionar. Son unos irresponsables”.

Lo que es una barbaridad es que Rossi se exprese en esos términos, porque, o bien miente a sabiendas, y es un cínico, o cree en lo que dice, y es un ignorante.

Aquello que se justificaba excepcionalmente en razón de la emergencia, pierde sentido cuando la situación de apremio ya fue superada. Pero nuestros gobiernos –y en esto, como en todo, los Kirchner no han inventado nada, exacerbando lo peor- terminan enamorándose de las emergencias, que son las principales fuentes de concentración del poder y, por ende, de arbitrariedad estatal y de corrupción.

Así, cuando no hay emergencias naturales, se las crea. Lo que es un instrumento heroico para conjurar una crisis, pasa a ser “una herramienta que utiliza el Gobierno para gestionar”. Faltó en la frase de Rossi el adjetivo, que está implícito: porque esa declaración sólo tiene sentido si se agrega que la herramienta es “normal”, “habitual”, etc.  Adviértase que Rossi ni se toma el trabajo de intentar demostrar que sigamos viviendo en la emergencia. Para ser consecuente, debería proponer que se cerrara el Congreso.

Vivimos, sí, en una emergencia, la emergencia institucional. Resolver esa calamidad requiere, paradójicamente, terminar con las emergencias artificiales y restituir el equilibrio de los poderes.

*  abogado y periodista

Dr. Jorge R. Enríquez

http://www.fororepublicano.com

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