La Tragedia de la Silla y Mesa

Por Leonel Di Camillo – Foro Republicano –

Néstor dijo, desafiante, mientras tomaba a la mesa por asiento:

-Si a mi me gusta sentarme en la mesa ¿por qué no puedo llamarla silla?

-Tenés razón, después de todo, el nombre sigue a la función.

Asintió con tono grave y postura reflexiva Alejandro.

-¡Es totalmente cierto!

Gritó Miguel en la cara a Liliana, quien respondió:

-Con ese criterio, todo lo que es, podría ser de cualquier otra forma, según lo que se te ocurra… si la mesa es silla, ¿qué es la silla? ¿un tipo diferente de silla? ¿Y si sigo usando a  la mesa de mesa, seguiremos hablando de lo mismo? ¿Podremos siquiera dialogar si cada uno define el contenido de los términos como quiera?

-Qué actitud tan retrógrada Liliana… las palabras cambian, como los tiempos.

Intervino Alejandro con aire sobrador.

-¿Y vos por qué podés decidir que término puede cambiar? ¿Sos el dueño del diccionario? ¿Por qué tu decisión vale por sobre la mía?

Irónica, respondió Liliana.

-Si querés, votamos sobre el tema…

Agregó Néstor.

-No es necesario, para eso está el gobierno. ¿Quiénes mejores que nuestros representantes para decidir lo que es una silla o una mesa?

Dijo Miguel, convencido en la incontrovertibilidad de un argumento tan democrático.

-Gracias, pero en mi casa, los muebles son mi problema.

Contestó Liliana, contundente, mientras dejaba sobre la mesa un volumen de bolsillo de la Constitución Argentina.

La anterior escena, no es más que una -no tan exagerada- hipérbole de una situación que hoy ya estamos viviendo: ciudadanos que, adormecidos por la ilusión representativa, dejan bajo la esfera del Estado asuntos que les competen sólo a ellos mismos. Hay temas que son demasiado importantes para ser dejados al arbitrio de la burocracia de turno.

El megalómano Estado argentino, ha vuelto a demostrar su capacidad para el ridículo y su absoluto desprecio por la libertad de las personas al legislar, una vez más, sobre una institución social fundamental (para muchos, incluso religiosa): el matrimonio. El pasado 15 de julio, a la madrugada y después de una larga sesión, el Senado de la Nación, elevó a ley al proyecto D-13/10, conocido por la opinión pública como de “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Desde su vigencia, el matrimonio podrá celebrarse entre “ambos contrayentes”, expresión que reemplaza a la anterior de “varón y mujer”, consignada también en Tratados de nivel constitucional, como el pacto S. J. De Costa Rica.

¿Por qué pudieron unos senadores –y unos diputados antes- decidir sobre la naturaleza y el contenido de un término que expresa una institución social? Simplemente, porque el Estado, décadas atrás, extendió su poder imponiendo su “matrimonio civil”. Los derechos y obligaciones que se siguen del matrimonio no exigen –como no lo exigían antes de la institución del matrimonio civil-, un instrumento de derecho propio, una figura privilegiada: el matrimonio es un contrato privado, y así debe permanecer.

La única manera de proteger las instituciones constitucionales es defender la libertad personal del avance omnímodo del Estado. De lo contrario, que no nos extrañe que un día, no muy lejano, nos toque presenciar aquella ridícula escena de “La Tragedia de la Silla y la Mesa”.

Leonel Di Camillo

Para Foro Republicano

http://www.fororepublicano.com

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: