Historia de Caudillos

Por Francisco Montesano

El caudillismo en Argentina es un fenómeno que algunos políticos aun creen  representar. Por ello es necesario analizar el origen de esta manifestación social para que podamos entender la realidad política de hoy.

Como lo define Francois Chevalier: “El caudillismo es un fenómeno histórico que surge en la coyuntura política latinoamericana originada con la independencia de los países”. Luego agrega : “El Caudillismo es propio de una sociedad con sistema democrático inmaduro, grandes diferencias sociales, y existencia de oligarquías locales o regionales. Es propio de una sociedad, donde personas poderosas prepotentes no aceptan el juego político democrático”.

El origen de estos personajes históricos nace como consecuencia de las guerras de independencia. Los países que surgieron del mundo colonial quedaron empobrecidos, divididos socialmente y con una alta inestabilidad política.

La estructura social en las zonas rurales era por ello favorable para la aparición de caudillos. Estos -propietarios de grandes extensiones de tierras- ejercían el control casi absoluto sobre la administración local y una influencia decisiva en el gobierno central de la República. La polarización social resultaba así absoluta. Los ricos terratenientes y las masas de peones y jornaleros, se enfrentaban en un abismo interminable.

El terrateniente demandaba de sus súbditos trabajo, obediencia y lealtad, y además  los convertía  en deshilachados soldados de su ejercito personal en épocas de guerra. Este fenómeno de una dependencia servil entre el patrón y peón, fue la plataforma del caudillismo.

También otras causas concurrieron al surgimiento del caudillismo; predominando principalmente la autoridad y el prestigio en su poder de intimidación. El caudillo no era solamente el protector, sino en realidad era un jefe militar, un guerrero, acostumbrado a mandar. Para ser caudillo se necesitaba fuerza, valentía, decisión y energía, allí no había espacio para los débiles, cobardes o desconfiados.

Esta es una herencia palmaria que nos dejó el nefasto dominio Español, el caudillismo. El poder se organiza piramidalmente de modo tal que cada caudillo “de base o puntero” se conecta con otro u otros de rango superior, formando una estructura de dominación articulada mediante el intercambio de “favores” recíprocos. En su vértice se encuentra siempre un referente “influyente” de nivel nacional que necesita de este caudillo menor para controlar las autonomías de ciertos grupos sociales a fin de facilitar su encuadre político.

Este patrón cultural de dominación, Octavio Paz y Richard Morse lo vinculan con la tradición patrimonialista heredera de España. Es importante resaltar el hecho que la milicia reclutada por los gauchos no tenían problemas de abastecimiento, “vivían del país”, como se decía entonces. Estas tropas podían sobrevivir a la disolución del estado y de hecho sobrevivieron.

Es durante la segunda parte del siglo XIX -caracterizada por una importante expansión económica- en que los caudillos puros desaparecen. Entre otras causas, por el carácter autocrático del ejercito y el ejercicio del poder que no toleraba ser compartido.

Sin embargo cabe destacar que en la Argentina de hoy, tenemos provincias en la que parece que nada a cambiado. El caudillismo se mantiene muy firme y poco sensible a los cambios de la historia, aunque en realidad no tendrían que preocuparse por ello, ya que la misma historia son ellos.

Por contrario la idea general de un caudillismo negativo es falsa, para el caso concreto de Juan Manuel de Rosas, en un trabajo de Jeffrey M. Shumway, éste lo describe como un ” great man”(gran hombre) y resulta curioso que también en él Jorge Luis Borges, comparta la misma opinión.

Apoyados en esta premisa, si analizamos el período de Rosas, podemos acreditar que en ese período de transición -“colonia-nación”- Rosas unificó la nación y le dio tranquilidad social y estabilidad económica en un momento que el país vivía una instabilidad política fenomenal. Es en este sentido que la Nación Argentina le debe mucho al autoritarismo caudillesco de Rosas.

Pero han pasado 200 años de nuestra independencia -suficientemente festejados por el gobierno- y en 1853 el Congreso sancionó la Constitución Nacional Argentina, pero los mandatarios actuales continúan comportándose como verdaderos patrones de estancia y quieren convertirnos a todos en sus peones.

Tal vez el matrimonio K aún no se anoticio de los cambios antes descriptos o simplemente su ambición de poder es mas poderosa que todo intento racional que efectuemos por vivir en una democracia madura, tal como lo proclama Francois Chevalier.

Por Francisco Montesano, Periodista

Editor Responsable: http://primerahoraonline.com.ar/

http://blogs.clarin.com/conflictos-y-dilemas/posts

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