La inflación es parte de la solución del verdadero problema

Por Héctor Mario Rodríguez* – Foro Republicano

Rodríguez: “Redistribuir significa un juego de suma cero: alguien pierde lo que otro recibe. La creación de riqueza, el combate a la pobreza, es un juego de suma positivo.”

Prólogo para muy jóvenes, desmemoriados o mal informados

La sociedad argentina ha demostrado ser la peor administradora de su propia moneda a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. Lo que puede escapar a la experiencia vital de la mayoría de sus habitantes, más por lo abrumador de la realidad que por la amnesia, es el reiterado cambio de signo monetario a través de los años. El peso moneda nacional de mi infancia ($ m/n, ¿se acuerda alguno?) dio paso al peso ley (decreto ley, bah!) 18.188 en 1970; que fue luego el peso argentino (¿?) algunos años después; para pasar a transformarse en el austral de 1985 (¡había monedas de medio centavo!), concluyendo en el actual peso convertible (¿se derogó la Convertibilidad?) cuando la hiperinflación barrió los billetes de 1.000.000.

La conclusión de esta sensacional historia de cambios de signo monetario es que se le han quitado 13 ceros al denominador del valor de los objetos y los salarios (curso legal) en Argentina o, lo que es lo mismo, que la moneda de $1 actual tiene un valor equivalente a 10 trillones de pesos de antes de 1970.

Hubo un intento serio de acabar con la depreciación de la moneda y reconocer el patrón monetario más usual entre los argentinos contemporáneos. Pero no fue una estrategia, sino una respuesta a una situación desesperada. Se buscó dar respaldo al papel fiduciario. La administración Menen-Cavallo (¿o era al revés?) ideó el respaldo de la emisión de papel fiduciario llamado peso con la tenencia de otro papel fiduciario llamado dólar en el tesoro del BCRA.

Pero no se corrigió la raíz del problema: el gasto público alto y desfinanciado. Durante esa década, recordada como de abandono del Estado de sus funciones comerciales innecesarias, el gasto público nacional, provincial y municipal no cayó sino todo lo contrario. Cuando no hubo más impuestos a los que recurrir, se echó mano al sencillo método de patear para adelante, con endeudamiento. ¿Sorprende a alguien que esto haya terminado mal?

Algunas definiciones

¿Qué es inflación? Como definición de manual podemos decir que “inflación” es un aumento sostenido y generalizado del nivel de precios. Se requiere que el aumento de precios sea sobre una canasta de bienes y servicios predefinida,y que sea generalizado y sostenido. Estas dos características finales ayudan a elucidar una pregunta esencial: ¿Qué no esinflación?

Puede ocurrir un aumento generalizado de precios que no sea sostenido. Lo sostenido se refiere a la tasa de aumento y no al nivel de precios alcanzado. Por ejemplo, algún genial fiscalista podría considerar que el 21% de IVA es demasiado bajo para pagar la carrada de subsidios y clientelismo que hoy destruye el equilibrio del Tesoro Argentino, y sugerir su duplicación. Es decir, con un IVA del 42%, los bienes y servicios sujetos al gravamen aumentarán un 17,35% (142 respectode 121). Se mantendrá el nuevo nivel de precios, inflado por un impuesto crecido,pero no volverá a aumentar por este factor.

Algo más aplicable a la realidad actual, menos teórico, es lo que los economistas denominamos cambio en precios relativos. Por una escasez circunstancial o un brote de demanda inesperado, y hasta tanto se acomoden oferta y demanda a las nuevas relaciones, un bien o servicio puede aumentar su precio unitario, mientras los otros se mantienen constantes. En general -algo más teórico- cuando esto ocurre y no es convalidado por un aumento de la masa monetaria, el cambio en el precio relativo podría darse por una baja de los otros precios, de modo tal de “dejar espacio” en el presupuesto del consumidor para satisfacer esa demanda adicional.

¿Y qué pasa cuando el nivel general de precios baja (en lugar de subir) en forma generalizada y sostenida? Según economistas inflacionistas, como el Nobel Paul Krugman, ocurre lo peor de la Creación: la deflación. De eso están tratando de protegerse los países grandes del Mundo, como EE.UU., Gran Bretaña, otros países europeos y Japón. Labibliografía tiene un nombre impronunciable para esta enfermedad: Apoplitorismosfobia. Mark Thornton 1 bautizó así esta prevención exagerada de muchos colegas y hombres públicos quienes hacen la inmediata correlación entre deflación y depresión económica. Los argentinos ansiaríamos llegar a esa instancia, porque bien sabemos que la inflación no es “productiva”, como podría sugerir un corolario de la Apoplitorismosfobia.

Pero, ¿no era que un poco de inflación ayuda al crecimiento? Fue culpa de un inglés de mediados del siglo XXII, la instauración en el campo académico y de política aplicada del concepto de trade-off entre inflación y nivel de ocupación.

Es decir, un gobernante podría decidir entre tener una menor tasa de desocupación y soportar una mayor inflación o viceversa. Lo que se conoce como Curva de Phillips enlodó la discusión de política macroeconómica y hoy es la base del mandato dual de la Reserva Federal de EE.UU.: soportar algo de inflación para conseguir algo de actividad.

Milton Friedman y otros economistas posteriores se encargaron de demostrar que esa relación puede no existir o, lo que es peor,que puede convertirse en negativa: a mayor inflación, menor empleo. Esto último es lo que se conoce como “estanflación o estancamiento con inflación”.

El Estatismo Hipertrófico Inflacionario

¿Cuántos tipos de inflación se conocen? ¿Cómo se los identifica? ¿Se puede decir algo nuevo sobre la inflación?

• Inflation targeting que hoy usan muchos gobiernos del mundo, estableciendo un objetivo de inflación superior a cero, es un fraude; camuflado de defensa apoplitorismosfóbica frente a una demanda débil del sector privado. La única política monetaria sana del gobierno es defender el crédito público, sea éste gratuito (moneda) o remunerado (bonos) de manera tal de garantizar su prestigio como deudor soberano.

Un párrafo aparte merece una derivación necesaria de los inflacionistas: defaultear la deuda pública porque “no se puede hacer otra cosa”. Hoy está en el candelero el problema griego, pero nos duele la Patria al recordar lo sucedido a partir de la Nochebuena de 2001, confirmado en el 2005 y no resuelto aún una década después.

• Inflación estructural fue un hallazgo intelectual de los economistas latinoamericanos de los años 60 y 70. La premisa del enfoque estructuralista de la inflación se basa en la inflexibilidad a la baja de los precios por restricciones institucionales y productivas de los países menos desarrollados. Después de un par de décadas de comprobaciones implícitas, modificaciones de las relaciones del comercio internacional y mejoras teóricas, estas explicaciones cayeron en desuso.

• Inflación de demanda y de costos es una denominación eufemística de inflación por aumento de salarios. Se sigue oyendo esta argumentación en boca de los empresarios cortesanos acomodados a los pactos corporativos y reacios a la competencia abierta.

¿Puede haber algo mejor que conseguir que la demanda interna se reactive? ¿Por qué esto deriva en inflación antes que en aumento de la oferta para satisfacerla? Si se percibe que el aumento de la demanda (por suba de salarios por decreto o por aumento de la oferta monetaria infundado) es transitorio o no es sustentable en el mediano plazo, difícilmente pueda ocasionar una respuesta productiva hacia mayores cantidades, aunque sí hacia mayores precios.

La clave entonces no está en las reuniones de Grandes Acuerdos Nacionales Moncloicos ni en discursos que “apelen al corazón y les respondan con el bolsillo”, sino en sólidas instituciones y políticas competitivas estrictas.

• Megainflación los argentinos “jugamos” durante muchos años con ella. Es una instancia intermedia entre un proceso inflacionario serio, tal como el que estamos viviendo actualmente en nuestro país, y la hiperinflación. Se trata de un período con muy alta inflación con tasas mensuales crecientes. El proceso de espiralización (los salarios por la escalera, los precios por el ascensor, diría quien tuvo tres veces la responsabilidad de la máxima magistratura del país inflacionario record) dan a esta etapa su característica de transitoria. Pero las políticas represivas (acuerdos corporativos, ingenierías fiscal y monetaria) para revertirla operan en el sentido contrario y tienden a balancearlo y a extender esta etapa. Advertencia: es fácil entrar a esta etapa; casi imposible, salir indemne.

• La Hiperinflación es la estrella de esta lista, pero ya no se trata de un fenómeno de precios sino de desaparición del valor de la moneda. Se podría definir la hiper más como huída del dinero que como un escalón cuantitativo en la tasa de inflación periódica. ¿Por qué se huye de un activo, como el dinero? Porque tenerlo implica pagar un impuesto, tanto más alto cuanto mayor la tasa de inflación que sufre. De la hiper, a diferencia de la megainflación, se sale y se sale bien. Pero la historia argentina ilustra sobre algo inesperado: se puede volver a caer en ella. No parece alcanzar el sufrimiento de una generación para grabar en el ADN de la sociedad el mensaje claro: eso no se toca. Acabamos de romper el emisor del peso, el BCRA, como si fuera gratuito.

• Estatismo Hipertrófico Inflacionario – EHI ¿Se puede decir algo nuevo sobre inflación? Nuestra historia magistral inflacionaria nos permite descubrir una nueva dimensión. La Argentina es el primer país que sufre, a mi modo de ver, una enfermedad social mucho más seria de lo que hemos creído y que me animo a denominar Estatismo Hipertrófico Inflacionario (EHI). La inflación no es un problema en sí misma, sino un síntoma del estatismo sobredimensionado, ilimitado, inscripto en casi todas las propuestas políticas, legislativas y sentencias judiciales.

Todos los programas anti-inflacionarios, probados desde 1960 en adelante, fracasan finalmente porque en ningún caso se tiene en cuentaque la moneda inflacionaria surge del tamaño desproporcionado y creciente del Sector Público respecto del Sector Privado argentinos. Se instala un círculo vicioso que solidifica el EHI: cuanto más grande el Sector Público, más chico, anémico y cobarde el Sector Privado; el cual, a su vez, demanda más servicios públicos para subsistir (¿alguien dijo subsidios?).

Génesis de la enfermedad

No siempre sufrimos este flagelo. El siglo XIX no fue fácil para nuestros antecesores y, sin embargo, se las ingeniaron para crear un gran país, que supo atraer millones de europeos hambrientos de futuro. Pero perdimos el rumbo en el primer tercio del siglo XX, merced a la aparición del Fascismo; nos encantó, en el sentido que nos hipnotizó. Elegimos “bienestar” a costa de otros. La felicidad pasó a ser un derecho inalienable y como tal exigible a “los otros”. Es el famoso modelo distributivo que consiste en redistribuir primero y, eventualmente, crear después.

Este absurdo político nos instaló en otro círculo vicioso: el de la miseria creciente. Redistribuir significa un juego de suma cero: alguien pierde lo que otro recibe. La creación de riqueza, el combate a la pobreza, es un juego de suma positivo. Redistribuidor, por antonomasia, el Estado crece a lo largo del tiempo a costa de losverdaderos creadores de valor económico.

En la Argentina pasó a ser mandatorio para gobiernos de cualquier signo, constitucionales o de facto, que los problemas se solucionaran con más Estado. Cuando se llegó a la conclusión de que el tamaño relativo Sector Público/Sector Privado era insostenible por quiebra del primero al dejar anémico al segundo del cual se alimenta, artificialmente se reestructura en los 90 esa relación. Sólo después de las hiperinflaciones sufridas por la sociedad durante los gobiernos de Alfonsín y Menem hubo espacio para tal reestructuración.

El error es que nunca fue consensuado hacia el interior de la sociedad. Fue impuesto por el peso de los hechos. Se hizo para recomponer los ingresos del Sector Público, no como programa estratégico de Nación. Nunca se eliminó la idea fascista del Estado, administrador y distribuidor de privilegios.

Así la Convertibilidad con deuda pública creciente por mayor gasto público desfinanciado generó crisis por tasa de interés real alta e incapacidad de repago. La orquesta demagógica siguió con la ejecución de “Vayamos al default como castigoa los acreedores buitres”. A muy pocos se les ocurrió pensar en el castigo superior al defaulteador serial, la Argentina: el ostracismo durante una década -como mínimorespecto de las fuentes de financiamiento internacionales sólidas y confiables.

La super-renta real y financiera del boom mundial 2003/07 se aprovechó para la última ronda del EHI, vía crecimiento de 1 millón de empleados públicos: de 2 a 3 millones de personas. La identificación de chivos expiatorios ideales para el discurso demagógico encuentra a una sociedad proclive a aceptar explicaciones superficiales para luego sorprenderse de los resultados obtenidos. “¿Qué les pasó?”, se pregunta el periodista Tenenbaum desdela tapa de su último libro.

Llegamos a la situación actual caracterizada por un abierto desconocimiento de la responsabilidad del Gobierno en la gestación, sostenimiento y dinámica de la inflación y, además, por la profundización del EHI en vísperas de procesos electorales definitorios para el destino de muchos. Se puede seguir sin empinamiento de las tasas de inflación actuales, pero depende más de condiciones externas a Argentina que de la propia gestión del Gobierno.

Pero hay vida después de la muerte

¿Cómo enfrentamos los 500 días que faltan hasta el cambio de administración? Con profundo y fundado optimismo hacia el futuro. Basta recordar el cuento ¿infantil? de Hans Christian Andersen sobre la tela real invisible. El Rey no puede disimular más su desnudez, encima se quedó sin sastre y es cada vez más difícil entrar a Palacio. Traducido a 2010: se acaba la caja y el poder político está menguado.

La solución está en el diagnóstico: sólo un Estado que no emita dinero innecesario puede subsanar estructuralmente esto. Ello se logra con una nueva relación estable entre Sector Público y Sector Privado. Lo que se requiere es, ni más ni menos que, acordar un tamaño y las funciones del Sector Público que maximicen la actividad creadora de riqueza: la acción humana del Sector Privado.

Un nuevo Contrato Social, donde el Sector Público, en sus tres niveles y para sus tres Poderes, haga muy bien lo no delegable al Sector Privado, aplicando el principio de subsidiaridad tan caro a la Doctrina Social de la Iglesia. Lo peculiar es que el libreto ya está escrito: es la Constitución Nacional 1853/60. Respetándola, el Sector Público garantizará el desarrollo del Sector Privado, constituido por familias, empresas, ONGs y otros actores que no dependen de los fondos del Tesoro. Esto lo hará el Gobierno mediante funciones imposibles o impracticables para otros actores: ejercer el monopolio de la fuerza (seguridad interior y exterior), legislar, administrar Justicia y unas pocas más.

La clave para que esto deje de ser letra muerta y se convierta en la sinfonía que armónicamente ejecute toda la sociedad argentina es explicar bien los beneficios de la revolución hacia la libertad, romper el encantamiento, y someterlo a votación para conseguir el mandato soberano de la transformación.

El proceso desde la situación actual hacia la situación deseada no será lineal ni simple ni rápido, como lo demuestran otras experiencias internacionales. Por ello también es una condición necesaria contar con la táctica para llevarlo a cabo. De nada vale fracasar porque los intereses creados son más fuertes, hábiles, deshonestos, inmorales que los bienintencionados.

Ya sabemos de qué está empedrado el camino al Infierno. Argentina no merece otra frustración por impericia, ingenuidad o conformismo. En síntesis: Son condiciones necesarias estudiar los problemas del EHI, diagramar soluciones, proponerlo en forma clara y sencilla a la sociedad, conseguir mandato soberano y tener planes de implementación contingentes. Y condición suficiente: amor por las próximas generaciones que disfrutarán el esfuerzo de esta que integramos nosotros.

*Héctor Mario Rodríguez es economista (Universidad de Buenos Aires). Socio de ACDE y Miembro del Consejo de Redacción de Empresa.

Publicado en EMPRESA, revista cuatrimestral de ACDE.

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