EL PECADO DE LA HISTORIA (segunda parte)

BAWERK REFUTA A MARX

Por Federico Perazzo – Foro Republicano


Muy fácilmente los individuos se autoproclaman de tal o cual manera: algunos keynesianos, otros marxistas y los más aventurados liberales. La realidad es que un acotado porcentaje se ha tomado el trabajo de leer en profundo las muchas ideas propuestas a lo largo de la historia como así también las respectivas críticas. Por esto es que hay visiones interesantes sobre la conducta de los hombres que han perecido en el tiempo, porque una infinidad de factores han convergido en la eliminación de los mismos; como ser: poca difusión de la idea; desinterés de los historiadores; interés político por eliminar lo políticamente “incorrecto”; cuestiones idiomáticas, etc.

Un caso puntual que denota esto es la omisión que ha hecho el mundo académico acerca de la corrección que hizo el insigne economista austrohúngaro y fundador de la escuela austríaca Eugen von Böhm-Bawerk a la obra de Karl Marx.
Sin dudas Marx fue uno de los más reconocidos pensadores del siglo XIX debido a su postura combativa y ambiciosa. Es innegable que tamaña concepción en cuanto a su mirada de la cosas no podía ser desoída. Su opulenta oposición sobre aquellos señores feudales que se nutrían del trabajo de la gleba era y es acogido con cariño por quienes menos tienen. Su teoría acerca del beneficio empresarial, que según él era obtenido del excedente que se le sustraía al trabajador y que denominó plusvalía, llenaba los ojos de cualquiera. Así es como Marx aterriza sobre conclusiones que indudablemente le traerán varios dolores de cabeza, como la idea de tasa de beneficio decreciente que fuera objetada por Bawerk, pero que el tiempo se encargo de ocultar.
Es de suma importancia recabar en la concepción de valor de Marx para luego ver como aborda el tema de la explotación. De esta manera podremos desmitificar ciertos “asertos” que nos brindase una historia cegada y que nos llevo a convivir bajo un manto dogmático que tanto odio ha diseminado por las distintas generaciones.
El autor aborda dicho tema aduciendo que “valor” es la cantidad de trabajo contenida en una mercancía y “precio” es su expresión monetaria. Con esta concepción es que pretende llegar a la idea plusvalía, en donde hay trabajo no pagado producto del beneficio capitalista.
Era indispensable en la cabeza de este pensador alemán la no confusión de la palabra valor para no perder su significación cuando quisiese traducirse a precio, porque de lo contrario no podría demostrarse que el beneficio capitalista y la tan afamada plusvalía dejarían de ser sinónimos y en consecuencia la idea de explotación derraparía irremediablemente.
Es justamente en el criterio de valor de Marx que Böhm-Bawerk detecta la primera inconsistencia. Se devela, así, que el valor no es intrínseco a las cosas, sino que parte de las valoraciones subjetivas de quienes demandan dichas cosas. En efecto, todo intercambio se llevará a cabo en tanto y en cuanto quienes son parte de ese acto valoran menos aquello que ceden que lo que obtienen, de lo contrario no habría voluntad de intercambiar ni necesidad.
Asimismo, tampoco es cierto que solo aquellos bienes que nacen producto del trabajo sean los que llevaran consigo valor alguno, sino que hay bienes que son naturales y que aún así tienen valor.
Ya habiendo desglosado algunas de las ideas de Marx respecto al valor gracias a las intervenciones de Bawerk, es que podemos abordar de lleno la idea de plusvalía que esta tan vigente en nuestros días y que el solo hecho contrariarla pareciera ser sinónimo de delinquir.
Visto que Marx parte de una premisa errónea para formular su idea global, es que llega a otro puerto inseguro: la plusvalía. Este es su punto de partida para sostener que el coste de producción no es ni más ni menos que el coste de supervivencia del trabajador. Con esto quería dejar constancia de que si por ejemplo un obrero trabajaba ocho horas, tan solo se le retribuirían solo dos y la diferencia se la apoderaría el capitalista.
Así es como Karl Marx incurre en gruesos errores de concepto que luego terminarían por derribar su teoría. Bawerk lo evidencia arguyendo que el empresario no puede explotar al trabajador por la sencilla razón que los bienes o mercaderías no se valoraban por su costo de producción sino por lo que la gente esta dispuesta a pagar por ellas. Prosigue su refutación, entonces, denotando el problema temporal que no concibió el alemán a la hora de formular su desafortunada teoría. El empresario restringe sus gastos a bienes de consumo y ahorra e invierte sus fondos para la obtención de factores de producción en aras de vender los productos que vaya a fabricar, con lo cual el pago a los trabajadores se da por adelantado incluso antes que lleguen los bienes producidos al mercado. De esa diferencia de tiempo en la que se ve envuelto el empresario es que nace el interés del que gozará éste y que se denominará “beneficio capitalista”. Nada ilógico si tomamos en cuenta que no es lo mismo el valor de un bien hoy que mañana. De modo que se hace inconsistente el teorema de la explotación habida cuenta que el capitalista incurre en un gasto, como puede ser el salario de los trabajadores, sin saber si podrá vender los productos que tendrá estoqueados. En sencillas palabras, exime al empleado del riesgo que si asumirá él.
Ya habiendo notado las contradicciones que tuvo en su primer volumen de Das Kapital (1867), Marx confiesa sobre la plusvalía: “Esta ley se halla; manifiestamente, en contradicción con toda la experiencia basada en la observación vulgar”. Así es como el autor daba por concluido que la plusvalía no se originaba a partir del capital en giro tal como creía.
No obstante esto, promete una solución a su error pero fallece sin poder cumplirlo.
Por supuesto que los arquitectos de la historia en contubernio con las sucesivas dirigencias políticas han hecho caso omiso de esto, en gran parte, sospecho, porque son las “lindas” palabras de Karl Marx, decoradas también por sus seguidores marxistas, las que consiguen apaciguar a las masas. Les dan su razón de ser y su sentido: la confrontación.

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