“Nos los representantes”

Por Agustín Etchebarne – Foro Republicano.

El art. 22° de nuestra Constitución Argentina establece que: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades…”. De allí la enorme importancia de que nuestros representantes sean elegidos directamente por el pueblo tal como lo establece el art. 45°. Sin embargo, eso no ocurre en nuestro sistema político actual.

El sistema electoral D’Hont obliga a elegir una larga lista de representantes que son virtualmente desconocidos por el pueblo. Esto es fácilmente comprobable preguntando a cualquier habitante de la ciudad o la provincia de Buenos Aires, al azar. Casi indefectiblemente la respuesta es ninguno, o a lo sumo uno o dos sobre los 60 legisladores que tienen cada una de las provincias. Si preguntamos “¿a quién votó usted?”, la respuesta será el nombre de un partido, o más probablemente, del jefe partidario. Esto mismo ocurre en todas las provincias más grandes que abarcan el 70% de la población del país, y también en algunas legislaturas de provincias más pequeñas.

Entonces, “¿quién eligió a nuestros representantes en las legislaturas?” (únicos autorizados a deliberar y gobernar). Hasta hace una década atrás, la respuesta podría haber sido: “los afiliados a los partidos políticos”. De allí la crucial importancia de que los ciudadanos se afilien a algún partido político, sobre todo desde que fueron incorporados a la Constitución en el art 38° en la reforma de 1994.

Pero desde hace diez años, la gran mayoría de los partidos NO hacen elecciones internas, o bien, las han hecho amañadas y turbias. Pero aún cuando hicieran internas bien organizadas, sus cartas orgánicas mantienen el sistema de elección por listas sábana, o aún peor el arcaico sistema de mayorías y minorías. En cualquier caso, el afiliado nuevamente tendría ante sí largas listas de nombres, casi todos desconocidos.

En la práctica nuestros legisladores son elegidos por un puñado de caudillos, destruyendo el concepto republicano de división, equilibrio y control entre poderes.

De este modo, es fácilmente explicable el divorcio entre la clase política y los ciudadanos. Los políticos se eligen entre ellos mismos, casi sin participación del ciudadano común, quien apenas puede optar entre el combo menos perjudicial. El ciudadano promedio tiene la sensación de que los políticos viven en su propio mundo. Esto explica también, al menos parcialmente, que haya casi desaparecido el debate de ideas. Así también es casi imposible que llegue al poder un político dispuesto a hacer un verdadero cambio en el sistema dado que sólo pueden llegar políticos aceptados por los demás políticos.

Los ciudadanos llegaron a desear “que se vayan todos”. Pero llegaron las elecciones y se quedaron todos, sólo cambiaron algunas de las figuras más desprestigiadas que encabezaban las largas listas de diputados.

El ciudadano descontento con este sistema pudo entonces recurrir al 39° y presentar un proyecto de reforma del sistema para restablecer el espíritu de la Constitución. Eso hicimos en Ciudadanos por el Cambio –ahora Foro Republicano- quienes juntos con Reforma Política Ya, reunimos 500.000 firmas y presentamos en el Congreso de la Nación. Pero los diputados tenían derecho a cajonear los proyectos y rechazarlos juntos con otros 200 proyectos en la jornada final del año, no muy inocentemente un 28 de diciembre.

Los ciudadanos entonces se vieron obligados a salir a la calle para defender sus derechos y sus libertades avasalladas por los continuos aumentos de impuestos y por la inflación galopante, aún arriesgándose a quedar encuadrados en el art. 22° que también establece que “Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de este, comete delito de sedición.”

Por fortuna, existen dos soluciones fácilmente implementables:

Una primera opción, sería reemplazar el sistema electoral D’Hont (de listas sábana) por alguno de los sistemas propuestos por Foro Republicano en http://www.fororepublicano.com . Ya sea el sistema de Voto Único Transferible (V.U.T.  Irlandés), o el sistema de Voto Alternativo (tipo Australiano y que está actualmente propuesto por Clegg para reemplazar al sistema uninominal en el Reino Unido).

Con estos sistemas cada ciudadano elige su preferencia 1°, 2°, 3°… entre una decena de candidatos de diferentes partidos. Considerándose todas sus preferencias, no sólo la principal sino también las secundarias. De este modo se eliminan las listas sábana y quien elige a los candidatos vuelve a ser: el pueblo.

Una segunda opción, le permite a cualquier partido superar el problema, sin esperar que el Congreso modifique el sistema actual. Es decir, reformar su carta orgánica y reemplazarla por el modelo que pueden encontrarse en http://www.partidoazul.com.ar . Esta nueva carta orgánica establece las elecciones internas abiertas  para todas las candidaturas a cargos públicos utilizando el sistema V.U.T. e integrando listas sábanas cuando lo marque la ley, pero donde cada candidato habrá sido seleccionado previamente por sistema V.U.T en cada circunscripción.

De este modo empezaríamos a respetar el art. 45° de la Constitución que establece que los partidos políticos deben tener un “funcionamiento democrático, con representación de las minorías, competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de ideas”.

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