LA DEMOCRACIA CERTERA (primera parte)

Por Agustín Etchebarne. Economista – Foro Republicano.

Una imagen satelital nocturna del sudeste asiático vale más que un tratado de 10.000 palabras. Se distingue con claridad la luminosidad del sistema económico abierto al mundo de Corea del Sur frente a la oscuridad del sistema económico comunista, cerrado. (También se ve la costa de China que comenzó a iluminarse desde que 14 ciudades costeras se abrieron a las inversiones y a la tecnología occidental.) Vale la pena recordar que Corea estuvo bajo dominio colonial japonés desde 1910 a 1945, año en el que fue “liberada”, o tal vez invadida en el norte por Rusia y en el sur por EE.UU. En 1950-3 Corea del Norte invade el sur, con apoyo de la URSS y China, pero Corea del Sur logra expulsar a los invasores con apoyo norteamericano. Desde entonces, Corea del Norte fue dominada por el dictador Kim Il Sung y su hijo Kim Jong-il quienes impusieron el modelo económico cerrado, comunista.

La foto alcanza también para demostrar que la cultura no define por sí sola el destino de un país. Corea demuestra que un país partido en dos por la guerra, con la misma cultura, pero donde se aplican sistemas económicos diferentes genera resultados muy distintos. Es decir, los resultados económicos y sociales de un país dependen no sólo de la cultura sino de su interacción con los sistemas político, económico y rentístico, que muchas veces es impuesto “desde arriba”. Las culturas se adaptan e interactúan con el sistema, transformándolos también a ellos con el paso del tiempo.

Mucho más difícil, sin embargo, es demostrar las ventajas de los sistemas electorales democráticos. Corea del Sur también tuvo una serie de gobiernos autoritarios hasta 1987.  Recién en ese año tuvo sus primeras elecciones directas con una democracia multipartidaria. Pero eso no alcanzó, la tragedia en esas elecciones fue que los dos candidatos liberales que se enfrentaban al dictador militar obtuvieron la mayoría de los votos pero perdieron por estar divididos. El sistema electoral por pluralidad de sufragios (sin necesidad de alcanzar el 50% de los votos) otorgó el triunfo al candidato conservador que continuó con políticas represivas, incluso años más tarde fue condenado por la muerte de activistas por la democracia.

En noviembre del año 2000 George W. Bush fue declarado ganador en las elecciones presidenciales de EE.UU., a pesar de tener menor cantidad de votos que su oponente Al Gore (48,4% vs. 47,9%). En el sistema norteamericano se disputan los electores de cada estado, el candidato que obtiene más votos (sin segunda vuelta) se lleva todos los electores (“winner takes all”). Bush obtuvo 271 electores vs. 266 de Gore. El resultado impactó no sólo en los Estados Unidos sino el mundo entero, pude ser muy distinto con otro sistema electoral.

En las elecciones del 2005 en el Reino Unido, el partido laborista obtuvo un 36% de los votos, llevándose la mayoría parlamentaria gracias al voto uninominal por distrito, mientras que los conservadores y liberales, sumados, obtuvieron el 54% del voto popular y tuvieron que conformarse con repartirse la minoría en el Parlamento.

Con esto queremos señalar que no todas las democracias son iguales, que los sistemas electorales tienen un impacto muy importante sobre qué gobernantes resultan elegidos y también tienen un efecto importante sobre el comportamiento de los mandatarios y de sus mandantes.

En Argentina hemos sido testigos de golpes de estado, dictaduras, abstenciones, proscripciones y argucias de las más variadas clases, hasta que en 1983 tuvimos elecciones limpias democráticas y multipartidarias. Desde entonces contamos 27 años de democracia ininterrumpida (sin contar los oscuros hechos del 2001). Sin embargo, en ese mismo período la pobreza se multiplicó por diez, la educación cayó de los primeros puestos mundiales a estar por debajo de la mitad de la tabla, Transparency International nos ubica en el puesto 109 en términos de corrupción, la inseguridad es palpable y los partidos políticos tienen mala imagen en conjunto.

Con este estado de las cosas es una sorpresa agradable que la población todavía considere a la democracia como el mejor sistema de gobierno, pero esto puede cambiar.

La recuperación del crecimiento económico aplacó momentáneamente el fuerte malestar que se resumía en la frase “¡Que se vayan todos!”, que acompañó la crisis del 2001. Pero el problema de fondo se mantiene y es probable que la escalada de la inflación vuelva a acrecentar el voltaje de queja ciudadana antes de las elecciones de 2011.

Nuestro sistema electoral no logra reflejar la voluntad de la ciudadanía. Así, en las elecciones de 2003 la mayoría de la población pretendía una completa renovación de la clase política. Pero, “se quedaron todos”. El año pasado la gran mayoría de la población pretendió darle una holgada mayoría a la oposición, en ambas Cámaras, pero en la práctica se observa un “empate”.

¿Es que la gente no sabe votar? ¿O es que el sistema electoral tiene una importante falla?

En Foro Republicano consideramos que hay un importante obstáculo sistémico que está frustrando la expresión de la voluntad ciudadana de modo radical y constante y ha forjado una sociedad que, sencillamente, no cree en sus representantes, hasta el punto que mucha gente no se siente representada… y tiene razón!

Amigo lector, si usted es de Buenos Aires, a cuántos de sus legisladores puede nombrar?  En general la respuesta es a ninguno, salvo excepciones, tanto en la provincia como en la CABA. Si usted y el resto de los ciudadanos ni siquiera los conocen, entonces: ¿Quién los eligió? Pues, los jefes partidarios (Mauricio, Lilita, Néstor, Francisco…). Por lo tanto, los legisladores representan a los jefes partidarios, no a los ciudadanos. Este quiebre en la representación es la causa detrás de la aparente paradoja entre el masivo respaldo al sistema democrático y el rechazo generalizado hacia partidos y políticos. La percepción pública de que aquellos responden a sus propios intereses personales o corporativos, alejados de los de los electores está, lamentablemente, parece justificada. El actual sistema electoral brinda poderosos incentivos para que los pactos electorales o post-electorales carezcan de transparencia y la representación esté alejada de la voluntad de los votantes.

Este es apenas un indicio de porqué es indispensable transformar a nuestra democracia corrupta en una verdadera DEMOCRACIA CERTERA. Es decir, una democracia que acierte al blanco, que logre empoderar al ciudadano para que sea él quien tome las decisiones más importantes, para que sea él  quien decida en qué se gasta el dinero y quiénes sean sus representantes. Que las decisiones se tomen “de abajo hacia arriba” y no que sean impuestas “desde arriba”.

Para eso Foro Republicano estudia propuestas para mejorar nuestro sistema democrático, por fortuna, hoy la ciencia y la tecnología juega a nuestro favor, en temas como:

TRANSPARENCIA: Presupuesto participativo “on line” con un nivel de detalle que permita individualizar hasta el último peso gastado, con el precio de cada producto, que permita a los productores hacer ofertas más competitivas. Presupuesto Federal con mayor peso a nivel municipal y provincial y menor peso a nivel nacional.

SISTEMAS ELECTORALES: Reemplazo del sistema de listas sábana por el sistema de Voto Único Transferible. Voto con boleta electrónica. Internas abiertas y simultáneas y voto por teléfono, mail o redes bancarias (tipo BANELCO).

PARTIDOS POLTICOS: Reforma de las cartas orgánicas para transformarlos en partidos que sean: verdaderamente representativos, donde cada ciudadano conozca a su representante; verdaderamente republicanos, con división de poderes interna, donde las autoridades partidarias no pueden ser candidatos, ni viceversa, donde la justicia electoral es independiente y donde en lugar de Tribunales de Disciplina contengan Cámaras de Garantías de los Derechos de los afiliados y de los adherentes; y verdaderamente federales, es decir, que todos los puestos y candidaturas sean elegidos de abajo hacia arriba en cada distrito.

TOMA DE DECISIONES DE CONSENSO: los órganos colegiados deben tener procedimientos de discusión bi-partisanos e incluir sistemas de votación por consenso (tipo Condorcet).

JUSTICIA: reforma del Consejo de la Magistratura para garantizar la independencia de los jueces. Reforma del poder judicial para asegurar que sea rápido y eficaz.

Conjuntamente con estas reformas, debemos encarar otros dos capítulos:

PAZ INTERIOR: sistema de seguridad y justicia, que proteja la vida, la libertad y la propiedad de todos los habitantes, ricos y pobres, nacionales o extranjeros.

OPORTUNIDADES PARA TODOS: reformas tendientes a asegurar los beneficios de la libertad para todos los habitantes de la Argentina. Desplegando el infinito potencial individual y social de los argentinos. Liberando las fuerzas del trabajo y la creatividad de los habitantes.

Si empezamos a transitar ese camino descubriremos que para los argentinos no hay mejor destino que quedarse en nuestro país para impulsar su progreso en todas las áreas.

Agustín Etchebarne

Economista –  Foro Republicano

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