FEDERALISMO O POPULISMO

Por Claudio Chaves

En el acto de asunción del PJ realizado el 10 de marzo en la provincia del Chaco, Néstor Kirchner anunció que en poco tiempo convocaría a los gobernadores a conformar una comisión para discutir una  nueva ley de coparticipación federal. ¡Qué gracioso! ¿Usted le cree? ¿Alguien le cree?

Los argentinos tenemos sobradas experiencias sobre mentiras y  malversación de conceptos. El federalismo ha sido uno de ellos y la burla de la voluntad de los pueblos la gran estafa del populismo.

CORDOBA, ABRIL DE 1829.

El General Paz, “el  Manco” como solía llamársele por haber perdido el brazo en la guerras de la Independencia hacía su ingreso, por aquellos días, en la Provincia de Córdoba. Venía por la gobernación puesto que su anterior mandatario, el General Bustos, había concluido, el 3 de abril, su ejercicio de segundo término. Correspondía elegir nuevamente. Paz aspiraba legítimamente al cargo. Parlamenta con Bustos y llegan a un acuerdo. Convocan a elecciones en la legislatura. Bustos violenta lo actuado y Paz lo derrota militarmente. Posteriormente en la Tablada y Oncativo refuerza su éxito venciendo a Facundo aliado de Bustos. Dueño de Córdoba extiende, ahora, su influencia sobre las provincias mediterráneas, o los trece ranchos como solía decir entre risueño y despectivo Domingo Faustino Sarmiento, algún tiempo después. Firma, entonces, con las provincias interiores el pacto del 31 de agosto de 1830 “con el designio de satisfacer los votos que unánimente han expresado por su pronta organización política, bajo el sistema constitucional que adoptare la mayoría de las provincias reunidas en Congreso, como el único medio de poner término a las desgracias que por tanto tiempo han experimentado y de que solo pueden estar exentas a favor de una ley constitucional que permanentemente las rija” [1]

Una vez más como en 1813 (cuando los diputados artiguistas plantearon  la organización nacional) o como en 1821 y 1827, Bustos lo hizo desde Córdoba y los intereses porteños frustraron ambas posibilidades. Nuevamente en 1830 las provincias mediterráneas volvían a recorrer  la experiencia  organizacional.

¿Qué haría Buenos Aires ante estas circunstancias? ¿Permitiría la realización de un congreso sin ella o contra ella? ¿Quién  gobernaba  la ciudad puerto? ¿El aristocrático partido unitario de Alvear y Rivadavia, acaso? No, en esta oportunidad lo hacía Don Juan Manuel de Rosas. El Restaurador de las Leyes,  quien había copado el partido federal porteño luego del asesinato de Dorrego.

Sí, copado. Observe el lector que don Juan Manuel era extraño al federalismo de Buenos Aires. Provenía del “partido del orden” que  sostuvo, oportunamente, al gobierno de Martín Rodriguez y Rivadavia. Sus jefes políticos. Conformaban el grupo, además, Julián Segundo de Agüero, Manuel José García, Braulio Costa, Salvador María del Carril para señalar solo algunos. Ante el descalabro político de Rivadavia los ganaderos saladeristas de la provincia de Buenos Aires rompen con él quedándose a la espera de los acontecimientos que se precipitarían con la renuncia de Don Bernardino.[2]

Llegado al poder Dorrego no duró mucho tiempo en el cargo. Fue fusilado por Lavalle. Ante tremendo crimen y semejante vacío político, Rosas copa el partido federal merced a su enorme fortuna y poder político acumulado en las zonas rurales. Dorrego siempre había dicho: “Mientras yo viva, este gaucho pícaro no clavará su asador en el fuerte” [3]

Pero ya no estaba y no podía impedirlo de manera que Rosas, clavó su asador en el fuerte y se dispuso a complicar la organización nacional  empujada por  el General Paz.

El caudillo bonaerense aprovechó la convocatoria realizada por el Gobernador de Corrientes a las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires para la firma de un tratado que promoviera la organización. Las provincias litorales miraban con preocupación los éxitos del General Paz en Córdoba y no querían permanecer afuera del nuevo impulso organizacional del interior. Buenos Aires mandó su representantes y Corrientes al Brigadier Pedro Ferré.

FERRÉ EN SANTA FE

De las entrevistas y debates que el correntino mantuvo con el Ministro de Finanzas de Rosas,  Roxas y Patrón, mucho se ha escrito, especialmente la controversia acerca de los impuestos aduaneros como mecanismo de defensa de las industrias del interior del país. Sin embargo no es a esa discusión a la que me voy a referir sino a la importancia que el correntino atribuía a la nacionalización de la  renta aduanera como  única posibilidad de constituir una nación federal, y a la necesidad de organizarnos constitucionalmente. El revisionismo histórico, rosista en esencia, populista en lo político e industrialista de mercado interno en lo económico,   desvalorizó siempre la idea de la organización constitucional y su consecuencia inmediata, la nacionalización de la renta aduanera. La valoración del período la formulaban por el supuesto industrialismo de Rosas, la defensa de la soberanía nacional y la mentada Confederación que a juicio del revisionismo salvó la unidad de la patria.  Esta corriente histórica, hija directa del nacionalismo, de moda por los años de surgimiento del revisionismo, asumía el discurso “revolucionario” del final de las instituciones liberales y su decadencia putrescente. El constitucionalismo es decir el valor de la sanción de una Constitución nunca  despertó entusiasmo en ellos. No deja de ser un grave error.

El historiador Mirón Burguin afirma que en la década de 1830 Jujuy disponía de una renta anual de nueve mil pesos, Córdoba de setenta mil (la más rica del interior) y Buenos Aires de dos millones quinientos mil pesos.[4] Repartir las enormes ganancias de Buenos Aires por medio de un cuerpo legal en provecho de las provincias era la cara de la justicia social posible en la Argentina del siglo XIX. Y esto el revisionismo jamás lo comprendió.

La historiografía mitrista, por su lado, desconoció el significado político de los hombres del interior y el valor de la democracia popular o como decía Alberdi la “democracia de poncho”. El liberalismo elitista de Mitre y sus adláteres menospreció la potencia de los sectores populares para la consolidación de las instituciones. Solo el liberalismo popular de Alberdi, Urquiza, el Chacho o José Hernandez pusieron en su lugar a los postergados de la patria.

Volviendo a Ferré, aseveraba en esos debates “que es un derecho incuestionable el que tienen las provincias al tesoro que se recauda de impuestos al comercio extranjero en proporción al consumo y productos de cada una. Dar ese tesoro a una sola provincia es sancionar la ruina de las demás”. [5]

Los porteños por el contrario manifestaban que Buenos Aires tenía autoridad sobre los derechos aduaneros “en la sola razón de que la mayoría de las importaciones del comercio extranjero se consume en Buenos Aires” a lo que Ferré contestaba:

“La nacionalidad de las rentas viene de su adquisición y no nace del mayor o menor consumo que hacen los pueblos. Las rentas nacionales llevan el carácter de la indivisibilidad. Que en este orden también son iguales los hombres y los pueblos.”[6]

Se hacía preciso, entonces,  organizar el país constitucionalmente para que las rentas aduaneras fueran nacionales. Era lo que procuraba el General Paz:

“Me parece de la mayor importancia hacer sentir en las provincias interiores que ellas forman parte de la República Argentina y que cada una de ellas es un miembro de eso que debe llamarse cuerpo nacional”.[7]

Ferré asistió a Santa Fe en julio de de 1830, un mes antes que Paz constituyera La Liga del Interior. El correntino apostaba en lo posible  a la organización nacional con Buenos Aires adentro más que  enfrentarla como hacía el cordobés. Claro que el posible acuerdo a lograrse con las provincias litorales debía hacerse sobre la base de mantener una Representación permanente de las provincias con atribuciones para organizar el país. De esta forma Ferre pensaba seducir al Manco. Pero sus propuestas fueron rechazadas por los porteños.

Los debates de Ferré con Roxas y Patrón y con Manuel José García a los que ya he aludido no le hacían perder la compostura al correntino que seguía apostando al acuerdo y la negociación.

“No pretendo que Buenos Aires no cobre derechos; no desconozco las atenciones nacionales que tiene sobre sí; no pido que éstas se desatiendan. Quisiera en substancia que todo se determinase de un modo positivo y amistoso; a saber cuanto debemos; con qué contamos; cuanto pagamos; cuanto es nuestro déficit; cuanto más debemos pagar; y en fin que podemos hacer para promover la prosperidad de todas las provincias de la República que siempre han ido en decadencia, y que hoy se hallan en el último escalón del aniquilamiento y de la nada.”[8]

Imposible acordar porque  la intransigencia y la arbitrariedad se hallaban en Buenos Aires representada por Don Juan Manuel. Ante la negativa de los representantes porteños de acceder a los pedidos de Ferré, el Brigadier se marchó de Santa Fe, y Corrientes se retiró de las negociaciones. Comenzaba el acercamiento correntino a Paz.

SENTIDO POLITICO DEL PACTO FEDERAL

El caudillo bonaerense con argumentos populistas como el de atribuirse ser portador de un federalismo popular inventó a último momento el Pacto Federal  para dejar sin argumentos al General Paz. El sentido político del Pacto Federal fue frenar el drenaje provincial hacia el interior, dominado por el Manco. En ningún momento procuró la organización nacional.

Retomó las conversaciones de Santa Fe pero ya sin Corrientes.

“Rosas con las otras tres provincias ribereñas produjo el famoso Tratado del 4 de enero de 1831. Entonces como otras veces  consiguió anular la influencia de las interiores y hacer que permanecieran las cosas en el punto en que habían estado”.[9]

Finalmente las tres provincias litorales firmaron el Pacto Federal del 4 de enero de 1831. A los efectos de convencer a todas de las bondades de este pacto su artículo 15, inciso 5 decía:

“Invitar a todas las demás provincias de la República, cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales; y a que por medio de un congreso general federativo se arregle la administración general del país, bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales…”[10]

Notable mentira  de Rosas puesto que una  carta a Facundo Quiroga un mes después (4 de febrero de 1831) y antes de que el Manco cayera derrotado le decía:

“Conseguido el objeto (atraer a las provincias mediterráneas y a Corrientes) soy de sentir que no conviene precipitarnos en pensar en Congreso. Primero es saber conservar la paz y afianzar el reposo; esperar la calma e inspirar recíprocas confianzas antes que aventurar la quietud pública”.[11]

Populismo sin principios. No hay nada de federal en este “gaucho pícaro” que ya maquinaba tirar todo por la borda o como se decía por aquellos años que los diputados “se aprieten el gorro y se manden a mudar con viento fresco”. Derrotado Paz y cuando las provincias mediterráneas y Corrientes se fueron incorporando al Pacto Federal, Rosas anuló el artículo 15 y “a largarse con viento fresco”.

Y así fueron los acontecimientos: la mentira y el dejarse embaucar por parte de gobernadores poco dispuestos a enfrentarse al futuro dictador habilitaron la tiranía. Paz fue una excepción heroica cargada de valores mucho más cercana al interés nacional que la de Rosas.

PAZ Y FERRE.  EL INTERIOR DERROTADO

“Para estimar en todo su valor la personalidad de Paz, será preciso considerarlo como el vástago más notable que produce la Córdoba del siglo XIX, representante de la burguesía cordobesa culta. Paz será siempre un provinciano, distinción capital en nuestro siglo XIX para situarse claramente en el caos de las luchas civiles”.[12]

Paz, Ferré y Alberdi entre otros han sido lo mejor que las provincias interiores han dado al pensamiento argentino. Portadores de un liberalismo criollo y popular dejaron una impronta historiográfica que se frustró, primero por la historia liberal elitista de Mitre y luego,  en el siglo XX, por el raudo avance del revisionismo nacionalista que descalificó al liberalismo de manera total, sin discriminar. Como si fuera imposible ser liberal y patriota. Un absurdo que no resiste el menor análisis.

Para terminar escuchemos a Ferré:

“Dos son los partidos que han aparecido en público en Buenos Aires. El primero es el de los unitarios. Quieren que el país se constituya pero al gusto de ellos, es decir bajo el sistema de unidad y con una constitución a su paladar, para que estén todos sujetos a él.

El otro partido es el de los federales su autor Don Juan Manuel de Rosas. Se empeña en que los gobernadores sean dependientes suyos, personalmente, en que no se unan entre sí para que no se le vuelvan respondones, en que las provincias se arruinen cada vez más y que todo lo reciban de Buenos Aires” [13]

Hasta acá la historia.

HISTORIA Y PRESENTE

Indudablemente el rosismo ha hecho escuela en nuestro país. Y particularmente al interior del peronismo.  La figura de Rosas ha sido ponderada por la inmensa mayoría de los intelectuales peronistas. San Martín, Rosas, Perón, consigna promovida por un sector del movimiento  fue ganando espacios culturales cada vez más amplios y generosos. Nada más alejado del peronismo que la figura de Rosas.

Don Juan Manuel fue a no dudarlo un caudillo popular en la Provincia de Buenos Aires con algunas simpatías extendidas a un sector de Santa Fe. En el resto del país, nada. Su figura identificada con un porteñismo irreductible era rechazada enérgicamente en provincias. De manera que Urquiza, caudillo de Entre Ríos de similar perfil social y político que Rosas pero provinciano, fue verdaderamente el primer caudillo de vuelo nacional. Amado y respetado en los rincones más apartados de la Argentina profunda. Recorrer el archivo Urquiza es contemplar esta realidad que enuncio de manera enfática. De manera que si de popularidad se trata el entrerriano corría a la distancia.

Por otro lado el apoyo social del peronismo provino esencialmente de los sectores obreros de origen provinciano, el “cabecita negra”. En lo profundo de sus historias y en los pliegues de su memoria dormía el viejo federalismo provinciano visceralmente antirrosista como el del Chacho Peñaloza, Felipe Varela, Santos Guayama y tantos otros, amigos todos del General Urquiza. ¡El gauchaje rural provinciano era urquicista!

Los herederos de aquellos paisanos irrumpían nuevamente en el escenario político nacional el 17 de octubre de 1945. Con sus tradiciones y costumbres vivaban al nuevo General.

La escuela rosista se asentó fuertemente en el peronismo al punto que en la década del 70’ la juventud maravillosa entonaba aquellas estrofas tan frescas y poéticas:

Y llora, llora la p…oligarquía

Porque se viene la tercera tiranía.

Esta aberración resultó muy cara al país. Esos jóvenes hoy son gobierno. Educados en la cultura del arrebato y la intransigencia ejercen las mismas prácticas centralistas y autoritarias de Rosas a quien admiran y ponderan. No ya desde una provincia sino desde la Nación. La Presidente se pregunta ¿a donde creen que van los dineros nacionales? cuando la oposición le cuestiona el manejo del dinero. Y se responde: a las provincias. ¿Y entonces porque quieren coparticipar el impuesto al cheque?

Sin entender la esencia del federalismo democrático.

Este peronismo no responde en lo profundo a las tradiciones democráticas argentinas y tampoco a las justicialistas.

CLAUDIO CHAVES


[1] Sabsay, Fernando L.: Historia Económica y Social Argentina.  Ed. Bibliográfica Omeba. Bs. As. 1967. T. 2. Pág. 230

[2] Irazusta, Julio: Vida política de Juan Manuel de Rosas. Ed. Jorge Llopis. Bs. As. 1975. T. 1.  Pág. 163.

[3] Saldías, Adolfo: Historia de la Confederación Argentina. EUDEBA. 1968. T. 1 Pág. 191.

[4] Burguin Mirón: Aspectos económicos del federalismo argentio. Ed. Solar Hachette. Bs. As. 1975. Pág  171.

[5] Zalazar, Roberto: El Brigadier Ferré y el unitarismo porteño. Ed. Pampa y Cielo. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Pág. 84.

[6] Ferré, Pedro: La Constitución de la Nación bajo el sistema federativo. Ed. Juarez.  Bs. As. 1969 Pág. 61. Esta edición trae un prefacio de Arturo Sampay, imperdible por su postura federal provinciana extraña al peronismo de origen.

[7] Terán, Juan B.: José María Paz 1791-1854. Ed. Cabaut. Bs. As. 1936. Pág. 297.

[8] Zalazar, Roberto

[9] Terán, Juan B.: Ob. Cit. Carta de Paz a Don Domingo de Oro. Pág. 298.

[10] Sabsay, Fernando L.: Ob. Cit. Pág. 236.

[11] Barba, Enrique, M: Correspondencia entre Rosas, Quiroga y  l

[12] Ramos, Jorge Abelardo: Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. Las masas y las lanzas. Honorable Senado de la Nación. Bs. As. 2006. Pág. 128

[13] Ramos Jorge Abelardo: Ob. Cit. Pág. 133.

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