La traición nacionalista

Por Agustín Etchebarne – Foro Republicano

En el alba del siglo XIX Argentina fue uno de los pioneros en adoptar las nuevas ideas que ya se expandían rápidamente por Europa y Estados Unidos enfrentando al Absolutismo Monárquico-Teocrático. Las viejas ideas “conservadoras” sostenían que el poder de los reyes y el Papa emanaba directamente de Dios y por lo tanto, no debían rendir cuenta de sus acciones a nadie más que él.

Los “progresistas” de la época enfrentaban con coraje y pasión esa concepción del mundo y a los gritos y por las armas imponían el reconocimiento de los derechos y las libertades individuales, la necesidad de una Justicia independiente, la igualdad de todos los seres  humanos ante la ley y la soberanía del pueblo. El poder, decían, emanaba del pueblo y la principal obligación del Estado era asegurar los derechos, la vida, la libertad y la propiedad de cada individuo. Estos pensamientos que provenían de Francia y del Reino Unido, y también originalmente de España, de hombres como Grocio, de Vittoria, Voltaire, Locke, Hume, Rousseau, Montesquieu, Tocqueville, Paine, Smith… fueron la antorcha de las revoluciones de 1776 en Estados Unidos, 1789 en Francia, 1809 en Chuquisaca y 1810 en Buenos Aires; ideas que quedaron plasmadas en la Constitución de 1853-60.

Lo fascinante del caso, es que esas ideas triunfantes en Estados Unidos, Canadá, Australia, Argentina y otros pocos países, provocaron un enriquecimiento rápido y sostenido en todos ellos, la gran mayoría de habla inglesa, y sorprendentemente también en nuestro país, que pasó a ser la única excepción en toda Latinoamérica. Esto es importante porque demuestra que no es un problema de raza o religión, sino que es un problema de aplicación de ideas universales. Argentina logró ser la 8va potencia del mundo, multiplicando la población y logrando, en apenas seis décadas, cumplir el sueño de Alberdi, pasar de ser un país “pobre y desolado” a ser “rico y opulento” y que los habitantes de Buenos Aires vistieran “como en París”.

Pero durante el siglo XX algo falló. Junto con la inmigración Europea llegaron las nuevas ideas que estaban vigentes en el viejo continente -el anarquismo y el socialismo- y junto a ellas algunas rebeliones obreras, minoritarias pero de gran voltaje: la Patagonia Rebelde, la Forestal en el Chaco. Esto generó cierto miedo en la población original, y el miedo no es un buen consejero… Los millones de inmigrantes generaron también miedo por la posibilidad de perder cierto “ser nacional” (si es que algo así puede existir)… se rumoreaba incluso la posibilidad de ser un país bilingüe, con el Italiano como segunda lengua… Así, los nacionalistas lograron imponer la educación NACIONALISTA, se prohibieron escuelas privadas donde se enseñaba el italiano, y se impuso el español como lenguaje obligatorio. Los nacionalistas querían que los hijos de italianos fueran argentinos. Creo que lo lograron.

Pero cometieron un error e ignoraron algo muy valioso.

El error fue creer que las ideas nacionalistas que avanzaban velozmente en España, Italia, Alemania, y también en Francia y otros lugares serían la respuesta a la “crisis del capitalismo”, que creían terminal… Se equivocaron fiero. Quien sufrió una crisis terminal fue la ideología nacionalista que perdió la Guerra Mundial. Así, Italia, Alemania y Japón, cambiaron el fascismo por Constituciones liberales. El error de los nacionalistas no estuvo tanto en no prever lo que ocurriría sino en que perseveraron en el error aún con las evidencias a la vista. Con las nuevas constituciones y con el plan Marshall, los tres países invadidos por EEUU se transformaron en la segunda, tercera y quinta potencia mundial!!!

Lo más grave de los nacionalistas, es que olvidaron que si es que existe el “ser nacional argentino”, debe incluir sin lugar a dudas la idea de LIBERTAD. Por eso la canta el himno, reiterándola tres veces, de eso trata la epístola de Moreno representando a los hacendados. Echeverría lo escribe explícitamente “Mi patria no es el suelo, mi patria es la libertad”. La Constitución lo resalta generosamente en el preámbulo… “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino”.

Esta traición de los nacionalistas al ideal de la LIBERTAD y a la apertura al concierto de las naciones fueron dos de las claves del retroceso argentino durante todo el siglo XX.

Por fortuna el tercer siglo argentino, que comienza este 25 de mayo, a menos que contemos desde 1916, nos permitirá reconciliarnos, ante la evidencia de que estas ideas fallaron aquí y en todo el mundo, y retomar la senda de la libertad, aún reconociendo que podemos ayudar a los más desvalidos, cosa que también es una idea ampliamente aceptada en la sociedad argentina.

De este modo, volveremos a ser un país envidiable y atractivo a todos los extranjeros “de buena voluntad” que quieran habitar nuestro suelo…

Agustín Etchebarne

Economista Foro Republicano

3 Responses

  1. Me dan ganas de reintegrame.
    ¿Las reuniones de IPI siempre son al lado de la Rural los miércoels?
    ¡Un abrazo!
    Santiago

  2. Estimados amigos: Cada día que transcurre envejezco un poco más, y ese poco más me hace amar más la libertad, único resguardo del crecimiento personal y colectivo de las sociedades. He leído el artículo de Agustín, que comparto totalmente, sólo quisiera se reflexione sobre los nocivos excesos ilimitados que, tanto del nacionalismo como del liberalismo dejaron en la historia más reciente. Afectuosamente. Raúl

  3. El IPI se sigue juntando todos los miércoles 8:30 en la richmond. Saludos!

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