La democracia representativa, la delegativa y el unicato

Por Alejandro M. Liberman – Foro Republicano

 ¿Porqué la acción del poder ejecutivo necesita de la urgencia para gobernar? ¿Por qué una herramienta de excepción es utilizada de forma corriente? ¿Qué deben hacer las instituciones poderdantes ante la urgencia?

Hemos visto en este tragicómico verano político cómo las instituciones de la República se vieron otras vez desgastadas ante el nuevo avance delegativo de nuestra democracia sobre materias sensibles y estratégicas.

La delegación ha sido utilizada para casi todas las materias, desde que renació nuestra incipiente democracia, en donde el seno de la discusión y EL debate debió ser y hacerse dentro del Honorable Congreso de la Nación Argentina y, más precisamente en el recinto legislativo.

La representación se corrió hacia la delegación. Y es así que delegamos en muy pocas personas y en un solo poder todo el mandato que otorgó oportunamente la sociedad votante.

Delegar significa, dejar de hacer para que “el otro” asuma o no tal compromiso primario. O sea que por encargo, se facultó al poder administrador para legislar sobre materias, hasta a veces, prohibidas por la Constitución Nacional.

Así es como en muchos casos de sensibilidad manifiesta actuó nuestra República amparada en poderes que se tornan concentrados y extraordinarios, ante la excusa de la urgencia permanente; es decir que podemos conjeturar en un doble sentido: o bien el poder legislativo no trabaja los temas de necesidad republicana, y es así que de manera implícita, ese no actuar, le valida al poder ejecutivo el uso de la herramienta de excepción para llevar adelante sus políticas públicas; o bien, el poder ejecutivo avasalla las instituciones sin dar oportunidad al legislativo a crear las leyes que se necesitan de acuerdo al bien de la sociedad representada.

Una y otra opción es falaz. La exigencia no implica el sometimiento a cualquier cosa. Es ridículo pensar que vivimos en una constante emergencia en donde todos los debates deben ser soslayados o criticados estableciendo por (real) decreto una única opción posible y viable.

Así el poder se vacía de contenido y se torna poco creíble, donde algunos agoreros de turno, que hasta se reproducen dentro de ese mismo poder dirigista, pueden plantearle (y de hecho lo plantearon) a la sociedad la falsa opción de: “nosotros o el caos”.

La democracia representativa en la Argentina y en el mundo occidental ha nacido como cobijo de las libertades individuales y de la comunidad representada, con instituciones estatales que llevan en sus entrañas la poderosa o ponzoñosa herramienta (de acuerdo a su uso) de cumplir y someterse a las normas dictadas dentro de la democracia.

En cambio la democracia delegativa reproduce mecanismos contrarios y provoca que los gobiernos trastoquen en poco tiempo su mandato, haciendo de él uso y abuso, usurpando de tal modo las libertades privadas y públicas, creando opositores artificiales que se presentan como conspiradores de la democracia y del “pueblo”.

No somos los maestros en la aplicación de estos mecanismos concentradores del poder; ciertos países de la región latinoamericana (y también extrazona) y sus democracias sufren de este mal y lo practican de forma cotidiana.

Dejo al lector una pequeña anécdota que dejó admirablemente plasmada Russell en unos de sus libros. En cierta ocasión un hombre le pidió a Russell un libro de filosofía, pues a aquel le interesaba la lógica. Al día siguiente este mismo hombre apesadumbrado le comentó que lo estuvo leyendo durante toda la noche y había encontrado sólo un juicio que pudiera entender, y que ese juicio le parecía falso. El escritor le preguntó cuál era y el lector respondió que se trataba del juicio que afirmaba que Julio César está muerto. Russell asiste y pregunta por qué no estaba de acuerdo, y seguidamente, se irguió y dijo, con orgullo: “Porque Julio César soy yo”.

En mi humilde opinión y dejando en el lector un sentimiento que puede ser compartido o no, las personas y las sociedades modernas occidentales deben dejar de tener fe en el gobernante (la “fe” utilizada en un sentido emocional) y ser masa (es decir, y como la conceptuara Huxley, que su comportamiento está determinado, no por el conocimiento y la razón, sino por los sentimientos e impulsos inconcientes). Contrariamente debemos sentirnos comprometidos y obligados a exigir y admitir (como ciudadanos libres) la evidencia como huella indelegable que se inscribirá en nuestro camino hacia el verdadero sentido que tienen las repúblicas (sustentables en el tiempo) o hacia los unicatos (sometidos a la emergencia, a la urgencia, al autoritarismo, al corto plazo y al saqueo).

Fuentes citadas:

Russell, Bertrand (1950). “Unpopular essays”.

Huxley, Aldous (2007). “Nueva visita a un mundo feliz”.

ALEJANDRO M. LIBERMAN

One Response

  1. What a truly great post..

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