EL PERONISMO; LOS PERONISTAS Y YO

Por Marcelo Jaroslavsky, para Foro Republicano.

Parafraseando a Joan Manuel Serrat, yo también digo : “ Entre estos tipos y yo hay algo personal”.

Seguramente este sentimiento se deba a que fuimos concebidos casi simultáneamente.

Mientras yo cumplía mi ciclo de gestación en el vientre de mi madre el peronismo se gestó en del gobierno militar que usurpó el poder el cuatro de junio de 1943.  Dicho esto sin ignorar la precoz vocación “política” de su fundador, ya  que siendo un joven Capitán , Juan Domingo Perón fue miembro del Comando Operativo del golpe que el 6 de septiembre de 1930 derrocó al presidente Hipólito Irigoyen.

La casi simultaneidad de nuestra respectiva concepción está demostrada por el hecho de que yo nací una semana antes del terremoto de San Juan que es, más allá de sus secuelas de destrucción y muerte, otra fecha importante en la historia del movimiento fundado por el ya entonces Coronel Perón : En un beneficio organizado para recaudar fondos para las víctimas fue que  conoció a quien sería luego su segunda esposa Eva Duarte.

Por lo tanto, mi relación con la primer etapa del peronismo en el poder abarca desde mi nacimiento hasta mi preadolescencia. Yo tenía 11 años cuando la Revolución Libertadora puso fín al opresivo primer gobierno peronista, aunque no al régimen corporativo que se terminó de instaurar en su trascurso.

Sobre  esa época escribí una carta de lector que envié sin suerte hace cuatro años a La Nación y que creo viene al caso en este tramo de mi rememoración:

“Se cumplen 50 años de acontecimientos inseparablemente ligados a recuerdos que me han quedado indeleblemente grabados :

Las formaciones de todas las mañanas en el patio cubierto del colegio privado al que concurría para escuchar la lectura obligatoria de “La razón de mi vida”; la cesantía de mi padre, que se desempañaba como Médico de Guardia en el Hospital Penna, por no adherir al régimen entonces imperante; el encarcelamiento de mi querido tío Poroto en la Penintenciaría de Las Heras y el día que que lo liberaron y lo fuímos a buscar a Orden Político; los largos dictados sobre el 2º Plan Quinquenal; el día en que un buen vecino(el comisario Fernández) evitó que se llevaran presas a una tía y a mi madre por comentar entre ellas el espanto que les producían las ruinas humeantes del Jockey Club; el bombardeo de la Casa Rosada y sus víctimas inocentes; el incendio de las iglesias; el discurso del cinco por uno desde el balcón de la Casa de Gobierno; los días en que seguimos minuto a minuto el inicio de la Revolución Libertadora escuchando las radios uruguayas y marcábamos con alfileres y papelitos de colores la localización de las unidades que se iban plegando; escuchar las campanas de “La Redonda” de Belgrano tañiendo en festejo de la huída de Perón rodeado de una multitud de gente de distinta condición adhiriendo al festejo; haber visto pasar a lo lejos, porque era tanta la gente que salió a recibirlo, el carrier que trasladaba al general Lonardi a la Casa de Gobierno; la llegada desde Montevideo, a bordo del buque insignia de la Marina, de los exiliados entre los que volvía el ya citado Poroto al que no había vuelto a ver desde su liberación e inmediato exilio.

Junto con mis recuerdos, vaya mi homenaje a todos los valientes, civiles y militares, que arriesgaron sus vidas en defensa de la libertad y mi más profundo deseo de que, definitivamente, los argentinos aprendamos a convivir en la diversidad amparados por los sabios principios de nuestra Constitución fundacional.”

Esa breve carta resumió mis recuerdos infantiles del primer peronismo respecto al cual escribió Meir Zylbeberg en su libro  Las raíces Totalitarias del Fracaso Argentino : “La inflación, al igual que la corrupción derivada del sistema de cambios múltiples, los permisos de importación de automotores para determinar silencios o ganar adictos, no fueron-como se supuso en su época- vicios exclusivos del primer peronismo en el poder.

El drama argentino deriva del hecho -que aún no se ha percibido- que la obra de Perón consistió en haberse aprovechado de los engendros dirigistas que se habían impuesto desde años antes en la República.

Instaurado el Control de Cambios, perpetuada la Dirección General Impositiva, establecida la Coparticipación Federal de Impuestos y, más aún, cuando se creó el Banco Central, Argentina había dado por caduco al sistema republicano, representativo y federal de gobierno”.

Las similitudes entre el actual peronismo en el poder, mal que les pese a los que dicen que el matrimonio no es peronista, no se agotan con el régimen económico que le permite someter mediante la Caja a intendentes; gobernadores; congresistas y empresarios.

Como actualmente se propone hacer el matrimonio en el gobierno, en aquél entonces se sometía a la prensa no sólo con la censura; el cierre ó la expropiación (La Prensa), sino que se manejaba discrecionalmente la provisión de papel para acallar las críticas de la opinión independiente.

Es evidente que el primer peronismo tenía una capacidad represiva, que le duró mientras el Ejército lo respaldó lo mismo que las fuerzas de seguridad, especialmente la Policía Federal, muy superior a la de este depreciado de la actualidad.

Esa diferencia de grado en la capacidad represiva hace que al actual gobierno se lo pueda desplazar mediante el voto, a diferencia de la primer etapa del régimen que no dejó otra vía que la violencia para liberarse de él.

El problema en aquél entonces fue que muchos opositores creían que el problema radicaba en la persona de Perón y no en el régimen por él perfeccionado. Fue por eso que a dos meses del derrocamiento de lo que fue una terrible y opresiva tiranía estallaron las diferencias entre las distintas tendencias que circunstancialmente habían convivido en el gobierno provisional. Por un lado el nacionalismo católico escandalizado por la decadencia moral del régimen, sobre todo la de su líder indiscutido, y la implementación de algunas medidas que disgustaron a la grey católica y, especialmente a la jerarquías de la Iglesia, pero que no se oponía a su esencia; y por el otro, el ala, por darle una denominación, “liberal” del movimiento revolucionario, lo que motivó el reemplazo del General Lonardi por el General Aramburu.

Uno de los principales cargos que yo tengo para con el peronismo, reconociendo que no fue el introductor de la violencia en la política argentina, es que no dejó otra vía abierta para saldar las diferencias.

Otro, haber demonizado los principios liberales de nuestra Contitución de 1853/60, que permitieron que la Argentina surgiera del desierto para convertirse en una de las naciones más libres y, en consecuencia, prósperas de su época.

También la de privarnos del futuro al condenarnos a discutir  permanentemente  un pasado deformado para justificar las posiciones políticas del presente.

Al respecto cabe citar la frase bíblica que dice : “Sólo la verdad os hará libres”

En junio de 1956 hubo un nuevo alzamiento militar, esta vez con la intención de restaurar al régimen depuesto que terminó con el fusilamiento de los cabecillas y algunos, según la versión peronista de lo hechos, civiles inocentes en un basural de José León Suárez. Nunca se habló de cuántos muertos hubiera habido si triunfaba ese intento y se desataba la venganza contra los antiperonistas.

La única conclusión válida tendría que haber sido desterrar definitivamente la violencia de la política argentina. Quedó demostrado que no había ocurrido, por ejemplo, cuando en los años setenta el autotitulado “León Herbívoro” creó la Triple A para liberarse de la “Juventud Maravillosa” que creyó que podía usarlo para encaramarse en el poder.

Lo más remarcable de esta historia es que la conclusión a que llegaron todos los dirigentes políticos fué que no se podía gobernar sin el peronismo. Salvando las diferencias, como si en la Alemania de posguerra hubieran llegado a la conclusión de que no se la podía reconstruir sin el nazismo.

Como acá el líder del régimen derrotado no había muerto, el primer gobierno electo surgió de un pacto con Perón y así nos ha ido.

Acá cabe una aclaración: como a todos les resulta más fácil negociar con “aparatos” que convocar a los conciudadanos de a uno, se terminó asimilando la condena del sistema peronista con la persecución a los ciudadanos que sentían que estaban en deuda con quien supuestamente les había devuelto la dignidad.

A este error conceptual lo llevó al paroxismo  la dictadura de Onganía en su intento de inventar el peronismo sin Perón, y es el que explica que 54 años después del derrocamiento de su primer gobierno, el “movimiento” todavía sobreviva. Ha sido de gran ayuda para eso el regalo que recibió de los ideólogos de ese engendro la “columna vertebral” del movimiento mediante el sistema de Obras Sociales que compulsivamente recibe ingentes recursos que le permiten tener cautivos a todos los gobiernos.También al actual que hasta lo lleva a pasear a Moyano al Vaticano con la única concesión de ponerse saco y corbata.

Para terminar, esta equivocada creencia, ha vaciado de contenido ideológico al debate político y lo ha convertido en una cruda pelea por el poder.

También les permite a los “compañeros” que han quedado marginados de la repartija interna, reciclarse mediante la “pata peronista” que casi todos dicen imprescindible, lo que demuestra su renguera, y volver al redil negociando la cuota de poder así obtenida para reubicarse dentro del movimiento donde aprendieron sus mañas.

Como puede ver cualquiera que escuche los programas políticos  o lea las crónicas periodísticas, la principal diferencia entre los distintos protagonistas se basa en los modales. Si los Kirchner fueran menos soberbios y prepotentes hubieran conseguido el casi unánime apoyo de sus “opositores”.

Cuando el 10 de diciembre cambie la composición de las cámaras creo que quedará en evidencia el desencanto de todos los que han sido influídos por el injustificado optimismo estimulado por los incontables analistas que sólo alcanzan a ver la superficie de nuestros problemas institucionales y, en consecuencia, políticos.

Frente a los casi idénticos planteos de oficialistas y opositores que ponen en manos de los gobiernos la solución de los padecimientos de millones de conciudadanos, falta la voz, lamentablemente ausente, de los que creemos que los gobiernos son el problema y no la solución. Que indefectiblemente la salida de esta larga etapa de decadencia está en la devolución plena de los derechos individuales, por largas décadas conculcados, garantizándoles, como todavía afirma el preámbulo de nuestra  Constitución, los beneficios de la libertad a todos los habitantes del suelo argentino

Marcelo Jaroslavsky

Miembro Fundador del Partido Liberal Porteño

One Response

  1. “Olvidarse es también tener memoria”, pero cuando veo que sigue El Manual del Antiperonismo Ilustrado, como en este caso, vuelvo a “los males de mi memoria” en esto de evocar una democracia sin el pueblo y contra el pueblo. Marcelo, mucha agua corrió desde aquel 16 de setiembre (el segundo Caseros) que se granjeó las simpatías de “la gente como uno”; te faltó adular al Almirante Rojas y estabamos completos, porque él quería eliminar “la intoxicación del Peronismo”. Quizás le rememores aquello que dijo en 1958: “Un pueblo en mangas de camisa no es el ideal de democracia”. Hay conductas y pasados en los hombres, y hay inteligencia en los pueblos. La Leyes por sí mismas no son eficaces, dependen de queienes las aplican o interpretan, dependiendo del momento histórico. La cuestión de la Independencia Económica no consiste en una postura pasiva como creen muchos “libertarios”, porque la cuestión no reside en dejarse dominar, sino que consiste en dominar lo propio y proyectarlo hacia adelante. Tenés muchas lagunas de información Marcelo y no me queda claro desde que base moral pretenden reconstruir al país si estás alavando un golpe que no solo retrocedió la obra monumental del gobierno peronista, sino que lo hizo a sangre y fuego “en nombre de la libertad”.

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