Vandalismo instalado en el país

“El sabio puede cambiar de opinión. El necio, nunca” Immanuel Kant

 

Me parece necio realizar evaluaciones o reflexiones políticas sobre la actualidad, como la nueva composición del Congreso y otras reflexiones varias, sin antes pensar y repensar un tema instalado, aun negado por el oficialismo: como solucionar la violencia criminal e irracional instalada en nuestra sociedad.

Denominar inseguridad a esta problemática es sencillamente intentar menoscabar su gravedad. Hoy vivimos un estado de terrorismo, implementado por los delincuentes -cualquiera sea su edad- nunca visto en la sociedad y que día tras día, semana tras semana se cobra la vida de seres inocentes, impotentes e imposibilitados de defensa alguna frente a este huracán de vandalismo instalado en el país.

Hoy comprobamos que casi sin escala hemos transitado del robo tradicional o hurto, al brutal y muchas veces innecesario homicidio de inocentes ciudadanos que se atrevieron a tener un automóvil, un negocio o cualquier otro bien, por mas insignificante que este sea, y que el asesino no posea, para entregar su vida junto con el bien.

Veintitrés son los policías muertos en lo que va de 2009, este año la crisis y el auge del narcotráfico estimulo su incremento, esto avala y refuerza la conmoción pública y da pie a una mayor frustración en las zonas más pobladas del país, Capital Federal y Provincia de Buenos Aires.

Según coinciden las encuestas, la inseguridad es la mayor preocupación de los argentinos, por encima de la inflación, la pobreza y la corrupción. Desde 2004, no hay tantos policías asesinados, y esto refuerza solo una premisa: si los policías, que son quienes están destinados a dar seguridad, están inseguros, entonces el resto de la gente lo estará aún más.

Los Kirchner han logrado impregnar a la sociedad de falsas premisas, todo ello solo por lograr sus tenebrosos objetivos, recurriendo a la mentira y el ocultamiento.

Hablan que durante la última dictadura desaparecieron alrededor de 30.000 personas (hasta los goles según Cristina K), pero en su libro Graciela Fernandez Meijide aclara que la CONDEP solamente reconoce una cifra cercana a los 10.000 desparecidos, esto no debe tomarse como un indulto a la dictadura, sino como una condena a la falsa democracia que vivimos.

La consumación de esta democracia vino para hacernos mucho más pobres y más violentos y las cifras de muertos por la violencia social supera ampliamente aun esos supuestos 30.000 desaparecidos tan difundidos, en estos veintiséis años.

Desde 1983 el promedio de homicidios dolosos ha sido de entre 2500 y 3000 personas anuales, acrecentándose año tras año.

¿Qué están haciendo nuestros gobernantes frente a este castigo que sufrimos los ciudadanos de a pie?

NADA, ya que todavía vivimos en una continua anarquía y segmentación entre quienes creen que el reclamo por la seguridad es un reclamo de la derecha autoritaria, y quienes dicen defender la vigencia de los derechos humanos para recordar el horror del terrorismo de Estado.

Seria conveniente que algún funcionario o dirigente nos explique, en que momento se separaron los valores de la seguridad con el respeto a los derechos humanos, quien y porque quiere instalar esta discusión, o tal vez los intereses en juego no les permita tomar alguna acción en defensa de estos inocentes asesinados.

En su interés por proteger los derechos de los imputados, olvidan o desprecian el pedido de justicia de las víctimas, sumidas en el desamparo.

Estas personas muchas de ellas de condición humilde, ni siquiera tienen la posibilidad de denunciar esta sucesión de dilaciones que fomenta una indiscutible sensación de indefensión, de falta de justicia y de impunidad.

Todo ello alimentado por un estado generalizado de corrupción y negación.

La Sra Cristina, muy distendida, en uno de sus últimos discursos, donde no se privo de culpar a la prensa de fogonear estos hechos, alerto que los medios repetían estos homicidios a lo largo del día en sus emisiones, como si decirlo solo una vez, como el canal oficial –cuando lo informa- fuera menos significativo.

Tal sea porque ella, no sobrelleva el inconmensurable e indescriptible dolor que significa la perdida de un hijo.

Por Francisco Montesano, Periodista

http://blogs.clarin.com/conflictos-y-dilemas/posts

http://nuevoencuentro.com/franciscomontesano/

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