EL EFECTO K

Por Federico Perazzo, especial para Foro Republicano.

 Si alguien me hubiese preguntado meses atrás, que saldo saco de la dirigencia K desde su asunción al poder con Néstor Kirchner a hoy, hubiese contestado que uno catastrófico producto del escepticismo que invadía mi espíritu al ver su mala espina. No obstante esto, lo que en un principio percibí como algo negativo hoy lo veo como una ventaja.

Por muy ridículo que parezca, las malas implementaciones económicas por parte del actual gobierno, si bien desastrosas, en el fondo han puesto sobre el tapete una discusión que ha permanecido en el pantano por algún tiempo y que no es otra que la entramada disyuntiva de optar por el modelo que debemos seguir.

Continuando con este hilo ventajoso, podemos dar cuenta que el modelo K, extirpado de ideas obsoletas y mal implementadas, no es el adecuado para dar rienda suelta y dejar que esta Nación prolifere. Tanto Néstor como Cristina han hecho un culto exacerbado de la supremacía del Estado ante cualquier cosa. Es desde esa exacerbación, que la gente, creo yo, ha comprendido que ese no es el camino.

No puedo decir, pese a mi optimismo, que se ha purificado la idea de libertad en el consciente colectivo. De hecho, creo aún que estamos lejos de emanciparnos del fantasma imperante del intervencionismo. Sin embargo, no me caben dudas que paulatinamente recuperaremos nuestra impronta de hombres libres.

Si bien nuestra ventana de vida es corta respecto de la vasta historia en la que el hombre ha venido clamando por esa condición de individuo autosuficiente, se que aquel magisterio que nos legaran nuestros próceres de la escuela austríaca va a darse a conocer en el campo empírico.

Ya quedó asentado que el Estado no puede apropiarse de la ética de la sociedad, en donde se vapulea y prostituye aquel concepto de interés particular. No puede hacerse no porque seamos egoístas, sino porque es desde la iniciativa del hombre libre, animoso de saciar sus objetivos, que se empujará indudablemente al desarrollo.

No podemos, los ciudadanos, quedarnos en el letargo y esperar a que el Estado haga y disponga a su antojo. Ya lo hemos hecho con anteriores gestiones e indudablemente lo hicimos con esta. Entiendo, pese a todo, que las distintas ideas de país, que se remiten a lo que los prodigios concibieron en su cabeza, se hacen difíciles poder materializarlas. De ahí que se muestre cuesta arriba, a países como el nuestro, el hecho de poder implementar medidas que nos desembarquen en la armonía social. Si entendiéramos que la libertad no es ni un medio ni un fin sino una condición, sin dudas estaríamos más cerca de poder construir una sociedad más seria.

Se me antoja decir entonces que el rol del Estado no es otro, pues, que el de garante de aquellos derechos inalienables y/o fundamentales, como ser: la libertad, la propiedad, la seguridad. Asimismo, es esencial la concreción de la separación de poderes, en donde ninguno de estos tenga capacidad de coacción por sobre los otros. Tal como se ve menudamente con los Kirchner.

La idea de justicia, por su parte, deberá estar atada a una concepción de ley natural que en nuestros días el positivismo se ha encargado de erradicar. Nos han venido inculcando que toda ley puede nacer de la decisión arbitraria de un legislador, y eso es un error. Ya bien explicó el profesor Hayek que no todo tema pude ser capaz de hallar el consenso dentro de una sociedad, porque hay cuestiones que no pueden quedar sujetas al arbitrio de una mayoría. Tomar esto por cierto es sumirse en el camino de servidumbre que depara el socialismo. Avalar tal irracionalidad es dar piedra libre para que los individuos se esclavicen ante la voluntad de quienes, quebrantando la república, ostentan el poder en forma mayoritaria y abusiva. A lo lejos ya se viene tarareando un reclamo general que dice “libertad”. De a poco la gente vuelve a la luz en aras de acabar con este tipo de avasallamientos. El mal que ha venido incubando este gobierno es intrínseco a su esencia resentida y ahora esta a punto de explotar.

Lo que en los años de “bonanza” (gracias al viento de cola de las commodities) parecía un presagio y tan solo eso, hoy se transforma en una realidad más que latente. Incluso hasta la propia presidente clama por mesura al solicitar a sus huestes que desalojen las calles. El círculo vicioso al que se aventuro este gobierno queriendo digitar todo, hoy se presenta como impotencia. Una impotencia que se muestra con su cara más ruin, el agravio. El tema ya excede el mero campo político producto de la impericia con la que gobernaron. Ya ni las figuras de la televisión están ajenas a los desplantes kirchneristas porque aparentemente no tienen ningún prurito de tomar como desestabilizadora, por ejemplo, a la señora Mirta Legrand. Algo que muestra, a las claras, que la seriedad ha entrado en coma. Es evidente que quien trató de controlar por el monopolio de la fuerza hoy se ve controlado por la mancomunada decisión de una sociedad que esta harta.

Este es el golpe heroico que padece la “emperatriz” argentina, el de toda una ciudadanía que no puede ser acallada. No puede serlo porque en este contexto de país el golpismo es un acto de rescate.

Las instituciones no son dioses venerables, son instrumentos destinados a la justicia y al orden. El hecho de respetarlas por el solo hecho de ser una imposición que hay que cumplir a toda costa, así debamos despojarlas de su razón de ser, es equivocado. En ese caso estaríamos viviendo en una paradoja y en una dictadura estúpida. Si las instituciones son para el bienestar y el respetarlas implica soportar a un lunático que no nos da el bienestar, sino que nos lo quita, el soporte de la institucionalidad pasa a cumplir una función opuesta a aquella a la que está destinada.

 En tal caso, si Kirchner representa una amenaza para las instituciones, y el sacarlo implica un recupero de las mismas, me pregunto: ¿Qué estamos esperando?  La libertad, si bien innata, se le presenta al individuo con mayor solvencia cuando hay algún agente que quiera coartarla. Eso es lo que ha venido pasando desde 2003 y es por eso que hoy resurge de sus cenizas.

El debate vuelve a abrirse y la idea de una república junto con el sentimiento de libertad nace en el horizonte. Si bien los Kirchner han hecho estragos con la economía y en la política en general, también han dejado un saldo positivo; y ese saldo no ha sido otro que su mal ejemplo. Ese ha sido su efecto y ya es tarde para revertirlo. Por eso deben irse, de lo contrario seguiremos perdiendo el tiempo…

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