El poder en las democracias latinoamericanas

El “para todos” en los discursos de Kirchner.

A mediados del siglo XIX, desembarcaba en Nueva York Alexis de Tocqueville, aristócrata y pensador francés cuya obra forma parte del patrimonio americano, y en la cual constantemente se descubren los secretos del origen y la promesa de grandeza de la democracia norteamericana.

El mencionado apenas contaba con veintiséis años y procedía de una familia históricamente ligada a la monarquía francesa, y dejaba aquí su obra más importante.

Su propósito no era simplemente el de satisfacer una mera curiosidad intelectual. Además, le interesaba mucho más la democracia que los Estados Unidos; su insistente interés era comprender el funcionamiento de un régimen democrático y las implicaciones que éste podría tener para la preservación o destrucción de la libertad.

Tocqueville introdujo una novedad fundamental: definió a la democracia como una construcción social en la cual predominaba el principio y la práctica de la igualdad.

Hasta ese momento, la democracia era la forma posible de gobierno que reflejaba las relaciones entre el individuo y el Estado pero no se ocupaba de la condición histórica de la sociedad.

Para este jurista, político e historiador francés, por el contrario, la democracia se define a partir de la sociedad civil: su verdadera esencia es la igualdad, mientras que su opuesto, la aristocracia, se determina por una situación estructural de privilegio y desigualdad institucionalizadas. La democracia es un nuevo tipo de sociedad que sustituye al antiguo orden aristocrático, condenado a la desaparición.

El siglo XXI nos muestra un escenario contrario, si bien en Latinoamérica la mayoría de las constituciones modernas han sido pensadas para que un poder limite a otro poder y se establecen distintos términos institucionales al ejercicio del mismo; sin embargo, en la práctica en muchos países, esto ha demostrado ser imposible.

En los hechos, el equilibrio y el control no se cumplen, y se advierte una excesiva politización que transfigura la función de cada uno de los poderes. Las instituciones han sido agraviadas, golpeadas, tiranizadas, los que detentan el poder abusan de su investidura en la búsqueda de algún rédito personal. El poder no controla ni limita al poder, sino que lo multiplica, lo refuerza, lo concentra.

El principio y la práctica de la igualdad, ha sido avasallada por las ambiciones personales de los mandatarios de turno.

Estos personajes, cada uno con su salvoconducto, han sojuzgado a sus pueblos. El irracional Chávez, criticando fuertemente el golpe de estado-militar en Honduras y, en un arrebato de adrenalina, intenta medidas desesperadas y ridículas, como amenazar con intervenir militarmente en Honduras con la asistencia de sus camaradas Ortega y Correa.

En el marco de la reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), en agosto de este año, Chávez asevero “Vientos de guerra comienza a soplar”, en la cumbre que estaba tratando la instalación de bases norteamericanas en Colombia, tal como lo había pedido el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Este último acompañó al bolivariano en su temeraria amenaza.

Por otro lado, las políticas populistas paternalistas empleados por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en la Argentina, lógicamente no ayudaron a la economía.

Excesivo gasto público, impuestos a las exportaciones y aranceles a las importaciones e incumplimiento con los contratos de empresas extrajeras lo que logran es, endeudar más al país, cerrar las puertas al comercio internacional y evitar que las inversiones extrajeras quieran invertir en el país. El hecho de que el gobierno adopte estas medidas es porque tienen una visión a corto plazo y lograr la reelección, es decir, fines netamente políticos.

La licencia, salvoconducto o premisa que aplican en cada caso es un bien preciado social y una necesidad de los habitantes de cada pueblo.

La superación de la pobreza crónica de la región, la creciente inseguridad, el aumento del desempleo, y tantas deficiencias sociales que sufren las naciones latinoamericanas son las plataformas de estos aspirantes a dictadores que nos toco en suerte sufrir en estos años.

En la Argentina en particular, los Kirchner -gracias a la coartada de la dictadura y los desaparecidos- han atropellado toda la legislación vigente, sus instituciones y sojuzgado lo poderes.

Pero van por más, y si la oposición no percibe sus tácticas, lo lograran, y será como el “fútbol para todos” -para los que lo sientan o no-, pero todos lo solventamos y asistimos impávidos a esa maquinaria de propaganda estatal.

Una más de las tantas sórdidas formas de conducción oficial y penetración, oculta tras el “para todos”.

 

Por Francisco Montesano, periodista.

 

http://blogs.clarin.com/conflictos-y-dilemas/posts

 

http://nuevoencuentro.com/franciscomontesano/

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