Otra dictadura en Argentina

La metamorfosis argentina y la incidencia de los Kirchner
kirchner-mirada

Los sociólogos definen el carácter de las dictadura como un gobierno sin participación de la ciudadanía, en la cual el poder se concentra en un solo individuo y establece la ausencia de división de poderes. Pero la realidad actual de este mundo globalizado permitiría hallar ciertas diferencias.

Si bien es cierto que las dictaduras mantienen una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que lo apoya, ignorando la existencia de la aprobación o desaprobación de sus gobernados, existen dos modos principales de encauzar el mando: por un golpe de estado perpetrado por una coalición cívico-militar (su soporte será el poder militar) o mediante un acto comicial (se mantiene por el aparente respeto a la Constitución).

Al contrario de lo que históricamente fue la “magistratura extraordinaria” en la Antigua Roma, donde el Senado -cuando se daba un estado de emergencia- entregaba al Emperador poderes absolutos sin que por ello quedase derogado el sistema político-jurídico vigente, hoy estas mismas potestades son ejercidas con arbitrario descaro.

En Roma, el dictador era considerado como quien se sacrificaba por su pueblo, y en oportunidades se le suponía un carácter sobrenatural por su poder militar y aura religiosa de “salvador”. En la actualidad, las dictaduras ejercen su poder totalitario sólo en beneficio propio y para el de sus rufianes de turno.

El oficialismo argentino, consiente de estas tradiciones, profesa una de las hoy denominadas “dictaduras constitucionales”, mal común en muchas naciones latinoamericanas que -solo en apariencia- respetan la Constitución. Aunque en realidad, el poder se concentra de manera absoluta en las manos de un solo hombre o matrimonio, que vigilan y fiscalizan al poder Legislativo y Judicial. Sea a través de la imposición de leyes parciales, presionando con su ya ilegítima mayoría parlamentaria, o el reformado y parcial Consejo de la Magistratura.

Los Kirchner imponen su autoritarismo por sobre toda lógica, ética o moral hasta ahora conocida. Recurren a la concentración de poder y -valiéndose de un partido político- intentaron imponer el culto a la personalidad, primero de él y ahora de ella.

Justifican su accionar político mediante una doctrina o modelo de nuevo país, por lo cual la oposición es el enemigo a derrotar y su objetivo final coincide con el de eliminar a los disidentes o todo lo que represente un impedimento para sus planes.

Buscan no solo contener, sino también anular las formas de pensamiento opuestas. En este escenario, la nueva Ley de Medios es solo un ejemplo, y el objetivo se asienta igualmente sobre el adoctrinamiento y la regeneración de las mentalidades de las clases populares. Estas son su base política.

Existe, en el aparato de las dictaduras constitucionales, un factor común: convertir al Estado en un dispositivo para controlar todas las actividades de la sociedad y dominar el espíritu social.

Debemos estar atentos frente al vendaval de mentiras, como el falso diálogo político y el huracán de leyes enviadas con urgencia al Congreso, ya que los Kirchner no especulan, actúan.

Hoy, como en la época de los Romanos, es frecuente que se apele a una situación extraordinaria para legitimar su duración, al estilo del venezolano Hugo Chávez Frías, en su permanente acoso y provocación en perjuicio de su vecino, Colombia.

La prepotencia e impunidad de Néstor Kirchner se hicieron más notorias cuando un periodista de Clarín le consultó por su millonario patrimonio y la pensión de casi 27 mil pesos mensuales que cobra. La respuesta del ex presidente fue: “A vos te mandó Clarín, te mando Magnetto”, como si la consulta fuera peor que recurrir al pecado original.

Cuando el mismo periodista preguntó si pensaba donar su pensión, el esposo de Cristina Fernández contestó: “Es un problema mío”, para rematar -a posteriori-: “No le pregunto a la Noble qué hace con sus recursos”.

A Don Nestor, lo incómodo de la situación le ha hecho olvidar que los particulares respondemos ante AFIP por nuestros recursos e ingresos, pero él -además- debe una explicación al País por su extraordinario enriquecimiento. Ya que dispuso y dispone de los recursos públicos o -lo que es lo mismo- de todos nosotros.

Encuestas de reconocidas consultoras informan que la imagen del Gobierno y de los esposos, cabeza del Ejecutivo Nacional, se acercan a su más bajo nivel. Ellos -seguramente- arriesgarán todo por remontar la pendiente, aumentando las situaciones inesperadas y conflictivas, que como todas sus recientes decisiones, provocan la desconfianza y el recelo de la oposición al igual que en la mayoría de la ciudadanía.

Por Francisco Montesano, periodista.
http://blogs.clarin.com/conflictos-y-dilemas/posts
http://nuevoencuentro.com/franciscomontesano/

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