Podemos tener un país extraordinario

Desde Foro Republicano, la asociación que él mismo preside, Agustín Etchebarne lucha cada día para lograr lo que hace tres años se propuso: animar a la gente a participar en la política, para devolverle a la Argentina el brillo y grandiosidad que alguna vez tuvo. El ascensor del edificio sube hasta el quinto piso y deja abajo el bullicio cotidiano de Lavalle. La puerta de madera está entreabierta, y se ven algunos empleados jóvenes que invitan a entrar mientras trabajan con celular en mano. La pequeña sala de estar está adornada con un par de sillones y una mesa ratona en el centro. Simple, acogedor. No se termina de admirar el lugar cuando desde un pasillo se acerca con pasos largos Etchebarne. Alto y delgado, saluda y deja asomar una sonrisa tímida. Indica su oficina y aguarda con caballerosidad para pasar último. Las paredes de la oficina son de un bordó fuerte, moderno. La decoración es escueta: un escritorio de madera, una biblioteca detrás con fotografías de la familia y otros recuerdos enmarcados. Hay gran cantidad de libros. Agustín Etchebarne se acomoda en su silla y apoya las manos en el escritorio, con expectativa.

Ser un puente entre la política y la gente Licenciado en Economía y consultor en finanzas y mercados internacionales, cuenta que se sintió atraído a la política desde que era niño: “Ya en mi casa mi padre había sido político, había sido Ministro de Justicia en el Gobierno de Onganía, y en casa siempre se habló de la política”. Explica que, años después de concluir sus estudios y desarrollarse profesionalmente, decidió volcarse a la política. Se expresa con una cita de De Gaulle: “La economía y la política están tan unidas como la acción y la vida”. Hace tres años fundó su empresa, Foro Republicano, una asociación civil sin fines de lucro, cuya meta es transformar al país en una sociedad abierta basada en la libertad individual, un gobierno limitado y mercados libres. “Nosotros tratamos de construir un puente entre la política y las personas”, declara.

Etchebarne confiesa que el camino que recorre Foro Republicano nunca estuvo exento de obstáculos. El primer proyecto que elaboraron buscaba eliminar las listas sábana, que si bien fue aplaudido por el entonces presidente del Senado, Daniel Scioli, la propuesta terminó archivada y olvidada: “Ese fue nuestro primer fracaso”. La segunda apuesta fue intentar transformar Recrear en un partido “abierto, representativo, republicano y federal”, pero tampoco lo lograron.

¿Cómo siguieron adelante, luego de semejantes derrotas? Etchebarne se refugia en las palabras de Winston Churchill: “El éxito no es nada más que ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Convencido de que el cambio que necesita la Argentina depende de la participación política de la ciudadanía, Etchebarne continúa animando a la gente a involucrarse para conseguir eliminar las listas sábana y promover las internas partidarias. En eso consiste su “ABC”, como él mismo sugiere, a lo que añade el cumplir con el principio de federalismo enunciado en la Constitución: “Queremos un enfoque de tratar de volver a la Constitución que hizo grande a la Argentina, que fue la Constitución de Alberdi, en 1853”.

En el día a día, debe enfrentar distintas formas de censura y presiones: teléfonos “pinchados”, páginas web hacheadas, el pedido por parte de autoridades de colegios y universidades de no hablar de ciertos temas… Etchebarne sólo quiere “mostrar el hecho de que la Argentina es un desastre, que ha sido una democracia fallida. Y eso a mucha gente le preocupa que se comente o se diga”. Reconoce que la situación actual del país no se debe a nadie más que al propio pueblo argentino, y que admitir esto permitirá, junto con una mayor participación política, transformar el país: “El cambio está a la vuelta de la esquina”, anuncia con el optimismo que lo caracteriza. Comparte con Martin Luther King el miedo al silencio: “Yo no le tengo miedo al mal, le tengo miedo a los millones de personas buenas que no hacen nada”. Y cambiar eso es la clave de su proyecto.

Denuncia el clientelismo, la pobreza funcional, el aumento de los impuestos y el destino de los fondos que maneja el Estado. Se queja de que estos temas no se traten en las campañas de los candidatos a legisladores, “porque eso implica que nuestro sistema político está podrido”. Con respecto a los próximos comicios, Etchebarne distingue dos maneras de concebirlos: “O como una gran farsa o como una gran oportunidad”. Él prefiere ser optimista, y creer que a partir del “paroxismo de lo mal que funcionan estas instituciones (…) la gente dé un paso más y empiece a participar”. Admite que la parodia política que Marcelo Tinelli creó con “Gran Cuñado” le facilita a la gente conocer los candidatos, “lo cual no habla bien de nuestra democracia”, pero sin embargo logra que uno se ría de sí mismo: “algo muy sano”.

Puertas adentro Agustín Etchebarne se considera un amante de la vida, de todo lo que tiene para ofrecer. Se le pregunta qué aficiones tiene, y su voz se torna apasionada y mira fijo a los ojos a través de sus lentes. “Me gusta la música, estoy tratando de aprender guitarra, aunque sea un desastre”, admite con una sonrisa. Tranquilo y relajado, habla de sus intereses con soltura. Se proclama fanático de Bach, del rock y del tango. Le encantan los deportes, como el tenis y el fútbol, y subraya que viajar es uno de sus grandes placeres.

Agnóstico declarado, Etchebarne sorprende diciendo que su obra literaria predilecta es la Biblia, por ser “un libro extraordinario, con un mensaje fantástico”. Se permite regalar un consejo a los jóvenes: “Lean, porque además la televisión no te deja comprender la realidad”. Se le inquiere por las personas que admira, y en seguida responde: “A mi papá”. También rescata aspectos de Borges, como su literatura, capaz de hacerlo emocionar; de Einstein y su invitación a pensar, a desafiar los límites; y rasgos de Nelson Mandela, como su compromiso y tolerancia. Cuando se le pregunta por las prioridades que marcan su vida, se toma un momento para pensar y responde determinado: “La familia, mis hijos, mi mujer”. También incluye a la política, “en el sentido de hacer algo para cambiar este país”. Gesticula con las manos y sus ojos recorren su oficina. Habla de sus años como profesor en la Universidad de Belgrano y en el ESEADE, y de cómo le gustó enseñar.

El encuentro llega a su fin, pero algunas de sus palabras todavía permanecen: “El ser humano es un ser en el tiempo. En mi caso, la política es, de alguna manera, tratar de cambiar lo que está ocurriendo, que además yo creo que es posible y que con pocas cosas que cambiemos podemos tener un país extraordinario”.

Sofía Edelstein
Estudiante de Comunicación Social

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