Keynes: revolucionario, economista o sicólogo

“Nunca las ideas son un problema, el problema es lo que se haga con ellas”

Cuando las ideas de John Maynard Keynes aparecen reivindicadas y, “supuestamente” ejecutadas, por gobernantes que están embanderados con ideas asociadas a métodos violentos y revolucionarios y que navegan en aguas de corrupción, muchos pueden imaginarlo como un líder revolucionario, de profusa barba y con un fusil en la mano, sin embargo, ni Lord Keynes ni sus ideas, tienen que ver con esa imagen.


En realidad Keynes fue un profesional brillante y su capacidad excedía, en mucho, el recuerdo que de él se tiene cuando se apela a sus ideas para llevarlas a la práctica bajo la máscara de un plan económico.
Por citar solamente, fue delegado por su país como representante a Versailles donde se discutieron las sanciones que después se le aplicaron a Alemania derrotada en la primera Guerra Mundial. Vale la pena mencionar que Keynes se retiró en desacuerdo porque entendía que, la humillación impuesta al pueblo alemán en lo que hoy se conoce como “el Tratado de Versailles”, plantaba la semilla de un nuevo conflicto bélico.
Decir que de haber triunfado la postura de Keynes se hubiera evitado la segunda guerra mundial es una aventura, pero nadie niega que el advenimiento de un “líder vengador” -encarnado por Hitler- hubiera sido menos probable, si el citado Tratado hubiera interpretado la postura de Keynes.
Vale este antecedente para graficar que Keynes nada tiene que ver con un líder revolucionario, y que no solo era un brillante matemático, profesor universitario y sobresaliente economista, sino que, por sobre todo, era un inteligente pensador que conocía muy bien la sicología humana y que no estaba en su pensamiento salirse del sistema capitalista liberal sino más bien aportar ideas para superar algunos problemas surgidos en el mismo.
En el final de su obra más reconocida (Teoría General)  manifiesta textualmente: “en lo que ha fallado el sistema actual ha sido en determinar el volumen de empleo efectivo y no su dirección”.

Bastardeando ideas

Hay ciertos personajes que instrumentan a veces recetas keynesianos de manera vergonzante, se trata más bien de una especie de “keynesianismo bastardo” o reaccionario y que, en realidad, persiguen objetivos políticos distintos a los que él trataba de alcanzar cuando formulaba sus ideas.
Proponen utilizar sus ideas pero en realidad enmascaran la intención de instaurar un sistema que les permita manejar a su antojo recursos del Estado para su propio enriquecimiento. Es la Argentina de hoy.
Tal lo manifestado en párrafos anteriores, Keynes no era un revolucionario sino un liberal que con sus pensamientos aportó ideas para superar algunas dificultades, fundamentalmente las surgidas con la pérdida del empleo en un períodos de larga recesión o depresión económica. En suma, la pretensión última de Keynes no era otra que “rehabilitar a la teoría económica clásica” para que, dentro del sistema económico capitalista, estuviera en condiciones de dar respuestas realistas a los problemas económicos de su época.
Las ideas de Keynes que pueden graficarse como herramientas dentro del mismo sistema y nunca como una teoría económica nueva como muchos ?en su propio beneficio- pretender inferir, son herramientas a aplicar en determinadas circunstancias pero no de manera permanente, prueba de ello son también sus expresiones: “si las circunstancias cambian yo también cambio”.

Cuando sí y cuando no

Aunque las ideas de Keynes se aplicaron en muchas oportunidades, en ocasiones para bien y otras con la intención de instalar un sistema de manejo discrecional en la que, inevitablemente, derivan cuando se las aplica fuera de las circunstancias que las aconsejan, fue durante lo que se conoce como “la Gran depresión” ocurrida en el ?30 cuando la pérdida de empleo ante la situación, las puso a prueba.
Keynes decía que en situaciones en las que el Mercado se demoraba en dar respuestas respecto al empleo, debía ser el Estado quien debía intervenir para generarlo. Es bien conocida su frase “aunque sea tomando gente para hacer pozos de día y otros para taparlos de noche” como una manera de empezar a hacer girar la rueda.
Quienes toman la frase en su forma literal, parecen estar lejos de su intención real, que propone que el Estado intervenga en la generación del empleo, pero en modo alguno -con los antecedentes de Keynes- puede ser tomada como una licencia para crear empleo sin ningún destino y por tiempo indeterminado, porque esa idea pavimenta el camino hacia la corrupción generalizada y termina en un debacle peor que la que se dice querer superar porque no es sustentable en el tiempo.
Cuando Franklin Delano Roosevelt aplicó las ideas de Keynes logró, en medio de grandes críticas, el resultado que Keynes planteaba en cuanto a la generación de empleo, empero, Roosevelt centró la aplicación de la intervención del Estado en la generación de empleo en la obra pública, pero en modo alguno en la obra pública sin sentido y sin aplicación práctica, sino mas bien lo hizo en obras públicas que fijaran infraestructura para una mayor producción futura, tal el ejemplo de la canalización del Río Missouri, transformándolo en navegable y recuperando miles de hectáreas para la producción.
Logró darle el impulso inicial a la generación del empleo, pero EEUU recién volvió a crecer cuando abandonó el New Deal (nuevo trato) instrumentado por Roosevelt.

Conclusiones

Llega aquí el momento de intentar extraer algunas conclusiones, en principio:
*Lord John Maynard Keynes estaba lejos de ser un líder barbudo de una “república popular”, era más bien un bon vivant, muy inteligente que tenía una gran percepción sobre la psicología humana.
*En segundo término, proponía herramientas para salir de la crisis pero nunca propuso salirse del sistema.
*La aplicación de sus ideas tuvo mayor  efecto psicológico que económico. Lo económico es una consecuencia de un cambio de estado de ánimo al movilizar a la gente que estaba paralizada por efecto de la falta de expectativas.
*Su mantenimiento en el tiempo deriva en un sistema corrupto, al poner en manos de quienes manejan la economía la oportunidad de hacerlo discrecionalmente, a su antojo y en su propio beneficio. Lo que sucede actualmente en el país, en las provincias y en los municipios. Una matriz corrupta muy lejana a las intenciones de Keynes.
En síntesis, para graficarlo podríamos decir que: “Las ideas de Keynes son como el motor de arranque de un automóvil, sirven para poner el motor en marcha  pero a nadie se le ocurriría viajar con el motor de arranque conectado”.

Por Eduardo Minich

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