TODO VALE: DESDE JUDICIALIZAR LA POLITICA A ESTATIZAR COUNTRIES

Se sabe que Kirchner es capaz de llevar a cabo cualquier acción con tal de mantener y acrecentar su poder. Por eso no puede extrañar que, a menos de tres semanas de una elección que será crucial para su futuro político, apele a los recursos más deleznables para intentar perjudicar a sus competidores.

Su más reciente maniobra es la utilización de un juez para atacar a Francisco de Narváez, lo que ya pasa largamente de las picardías y de los abusos que integran lamentablemente nuestro folklore político. Esto es gravísimo y, si no llegara a recibir el 28 de junio un contundente rechazo en las urnas, estaríamos en las puertas del totalitarismo.

El juez federal Federco Faggionato Márquez tiene a su cargo una investigación sobre narcotráfico. Como producto de las averiguaciones hechas en el marco de esa causa, aparecieron unas llamadas hechas desde el celular de un empleado de De Narváez hace cuatro años a una persona que está procesada por tráfico ilícito de efedrina, o sea, en una fecha muy anterior al inicio de la causa.

Esto podría haber justificado una declaración en carácter de testigo de De Narváez, al solo efecto del eventual aporte de algún dato acerca de su empleado que pudiera servir a la investigación.

Pero el juez se fundó en ese hecho, que no tiene en su apariencia la menor vinculación con el delito que investiga, para citar a De Narváez a prestar declaración indagatoria.

Tal citación, por su naturaleza, supone la existencia de elementos suficientes de convicción acerca de la culpabilidad del citado. No es una condena, pero indica que a criterio del juez De Narváez está en principio involucrado en la comisión de los delitos que investiga.

Esto es sencillamente grotesco. Por lo demás, no había ninguna necesidad de que la citación tuviera lugar a 18 días de la elección. Nada indica que el candidato tenga intenciones de fugarse o de ocultar pruebas.

La decisión judicial es tan arbitraria que sólo cabe asignarle una intencionalidad política. Esta percepción se refuerza al conocer que el juez Faggionato Márquez tiene en el Consejo de la Magistratura 36 pedidos de destitución.

¿Le ordenó directamente Kirchner incurrir en este dislate o lo hizo “motu propio”, para halagar al príncipe y comprar así la impunidad en el Consejo de la Magistratura, en el que Kirchner tiene un peso considerable mediante sus comisarios políticos Carlos Kunkel y Diana Conti, luego de la ley que promovió su esposa, entonces senadora y hoy presidente testimonial, en 2006?

Da igual. Las declaraciones de Kirchner y su corte de adulones sobre este caso no dejan lugar a dudas. El tufillo a operación política está latente y nos lleva a recordar las falsas acusaciones del kirchnerismo contra Enrique Olivera en 2005 cuando era candidato a legislador porteño.

El efecto político probablemente sea la polarización de la elección y el potenciamiento de la candidatura de De Narváez, a expensas del Acuerdo Cívico y Social. No es lo que le conviene a Kirchner, que de esa forma podría salir segundo en la provincia.

Pero estas jugadas perversas tal vez no nazcan de un cálculo frío y sereno. El abuso y la mentira están en su naturaleza, como en el cuento de la rana y el escorpión, y en ocasiones pueden jugarle en contra.

LOS ARGENTINOS DUEÑOS  DE NORDELTA

En este “todo vale” del oficialismo, ahora los argentinos somos dueños de Nordelta”.

Con este insólita frase, dicha en tono de algarabía, Néstor Kirchner sembró más confusión que muchas de sus medidas económicas sobre lo que podría ser el futuro de la Argentina si los astros le fueran propicios al presidente de facto el 28 de junio.

¿Los argentinos dueños de Nordelta? Confieso que estoy desconcertado. El debate pasaba en otras épocas por si las empresas de servicios públicos, o las energéticas, o las siderúrgicas, debían, por una a veces mal entendida concepción estratégica, ser estatales o privadas.

Pero no recuerdo ni al nacionalista más fervoroso predicar la estatización de un country. Llegar a ese extremo excedería con mucho una política de izquierda para ser en verdad un sistema comunista pleno, que no se contentaría simplemente con la propiedad pública de los medios de producción.

Ahora bien, si esa fuera la dirección que se propone para el país, ¿por qué debemos ser propietarios solamente de Nordelta y no, por ejemplo, de las decenas de casas y de los fastuosos hoteles del matrimonio Kirchner?

Y ser propietarios de Nordelta, ¿nos dará algún derecho? ¿Podremos usar las casas que querramos? ¿Habrá que reservar con antelación?

Suena divertido, pero es patético. Refleja que no hay política pública alguna detrás de esta bravuconada. Simplemente, el ANSES, al confiscarse los fondos previsionales de capitalización, se quedó con acciones de diversas empresas, entre las que está Consultatio, la dueña de Nordelta.

No, los argentinos no somos propietarios de nada más. Sólo nos pertenece, por derecho propio, nuestra decadencia.

ELECCIONES EUROPEAS

Las elecciones para el Parlamento europeo, que han tenido lugar en estos últimos días, arrojaron un triunfo de los partidos de centro-derecha.

Estos resultados se corresponden con una tendencia generalizada en Europa a privilegiar en los comicios a partidos de ese signo.

Esto no tiene nada de particular, ya que es propio de las democracias avanzadas que se alternen períodos de predominancia de la centro-izquierda y de la centro-derecha.

Sin embargo, no deja de ser un dato significativo para aquellos que, en especial desde nuestro empobrecedor populismo latinoamericano, creían hace unos meses, cuando se inició la gran crisis en los Estados Unidos, que el capitalismo había llegado a su faz terminal.

Como lo sostuvimos entonces, estas crisis recurrentes, lejos de extender el certificado de defunción del capitalismo y de la democracia liberal, son una característica esencial de ese sistema económico. Responden a aquello que el gran economista Schumpeter llamó “la destrucción creativa”, que se da en forma permanente cuando unas empresas se extinguen y otras nacen, pero cada tanto se agudiza, sobre todo luego de períodos de alto crecimiento y consumo, que forman burbujas de precios que en algún momento explotan.

Han sido los gobiernos más capitalistas los que, con plausible pragmatismo, no han vacilado en emprender una enérgica acción estatal, aún, como en los Estados Unidos, nacionalizando grandes empresas. Enfrentaron de esa forma la emergencia y, cuando la crisis haya sido superada, como ya se vislumbra, se desprenderán de activos que son mucho más productivos en manos privadas.

Esto no tiene ningún parentesco con el capitalismo de amigos de Kirchner, quien además, cuando es necesario ser keynesiano, no tiene con qué, porque la caja está débil y la Argentina tan aislada que nadie le da crédito.

En definitiva, los ciudadanos europeos siguen confiando en el sistema capitalista. Como suele suceder, la crisis económica tiende a deteriorar políticamente a quien está en el poder, con independencia de cuánto haya podido contribuir a ella, y la anterior oleada de gobiernos socialdemócratas parece llegada a su fin. Hasta que, dentro de algunos años, la tendencia se revierta.

Son cambios naturales. Cuando lo sean también para nosotros, habremos dado un gran paso cualitativo en la dirección de la república, condición indispensable del desarrollo económico.

 

 

Dr. Jorge R. Enríquez

jrenriquez2000@gmail.com

El autor es abogado y periodista

One Response

  1. Muy buen post, está claro que es una operación politica..

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