ESCRACHES CAMPESTRES

El oficialismo ha redoblado sus embates contra el campo, al que considera su principal enemigo.

Han aprovechado algunos episodios desafortunados de unas pocas personas que arrojaron huevos al gobernador Scioli en un acto proselitista, para retomar ese discurso anacrónico y patético que pretende equiparar a los sectores rurales, en especial a la Sociedad Rural, con la última dictadura militar.

Así, un funcionario de Scioli ha llamado a Biolcatti, el presidente de la Sociedad Rural, el comandante en jefe, y ha pretendido ironizar sobre las palabras de éste en el sentido de que no avala los escraches, diciendo que dispuso el cese de las hostilidades.

Ese lenguaje militarista, aún usado en broma, es muy peligroso porque denota cuál es el modo de los Kirchner de relacionarse con la sociedad: los que no se subordinan, son enemigos.

También el presidente de facto dijo que han cambiado tanques por tractores, una metáfora penosa que nada dice de los productores rurales pero sí mucho de la torcida mentalidad del patrón de Olivos.

He censurado siempre los escraches y toda forma de violencia, cualquiera sea el signo ideológico del que emanen.

Ahora bien, ¿tienen los Kirchner autoridad moral para criticarlos cuando los sufren, si los han tolerado y aún alentado cuando se dirigían a sus opositores? ¿O no enviaron a las patotas de D´Elía a reprimir manifestaciones pacíficas?

El que siembra vientos, recoge tempestades. El gran responsable de este clima de crispación y de violencia desatado en el país no es otro que Néstor Kirchner. O nos olvidamos que desde su gobierno se alentaban los piquetes, se apañaban a los grupos de violentos que cada vez extendìan más sus tropelías, tomando comisarías o atacando la Legislatura porteña como forma de debilitar las Instituciones.

Fue el ex presidente de la Nación quien ordenó a la policía bajo su mando que no cumpla la función para la que fue creada, convirtiéndola en plateísta ante los hechos de vandalismo.

Frente a la violencia, el Estado debe actuar en el marco de la ley, sin vacilaciones. Cuando las acciones delictivas no se contienen con la fuerza de la ley, bajo la absurda consigna de no “criminalizar la protesta”, entonces los violentos encuentran el caldo de cultivo para sus acciones antisociables.

De nada vale que ahora Kirchner se rasgue las vestiduras frente a los hechos de violencia y los escraches, porque él no sólo los alentó,  sino que aún hoy continua estimulándolos desde el nuevo tablón de barrabrava electoral, remedo del devastador atril presidencial, desde el cual lanza diatribas a diestra y siniestra, en lugar de buscar el diálogo, la tolerancia y la pacificación de los ánimos.

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