Corrupción ¿un problema cultural?

Transaparencia«Con una sola reforma, el país de Qi podría alcanzar el nivel de Lu; con una sola reforma, Lu podría alcanzar la Vía.» Analectas 6.25.  Confucio

Si corrupción es el mal uso del poder público en beneficio propio. No es difícil imaginar cómo los corruptos usan la información privilegiada del Banco Central; cómo trafican influencias, negocian la fijación de tarifas o subsidios, desvían el gasto público, reparten planes descansar o cargos públicos, digitan las licitaciones de obras y servicios públicos, extorsionan a los empresarios, venden fallos judiciales …

No es difícil pensar que se han enquistado en las altas esferas del poder, como denunciara el ministro Cavallo en 1995, en el Poder Ejecutivo, en los entes de Control, en la AFIP, en el Congreso, en Tribunales, en la Bonaerense y en la Federal. Pero también llega a las bajas esferas del poder, en la compra-venta de favores políticos en las villas miseria, los compadritos que cobran peaje para entrar o salir de ellas. Por supuesto vinculándose con el crimen organizado que controla o gestiona el tráfico de drogas, la prostitución, el lavado de dinero, el juego, entre otras actividades.

Si bien el fenómeno de la corrupción política es una realidad mundial, en el gráfico que acompañamos, elaborado por Transparency International, podemos ver que en el caso de nuestro país está dentro del segundo peor nivel, sólo superado por Colombia, algunos países africanos, otros pocos de Medio Oriente y alguno perdido en la inmensidad del Sudeste Asiático. Toda Europa, EE.UU., los países nórdicos, Australia, Canadá, pero también nuestros hermanos Chilenos y Uruguayos tienen mucha menos corrupción. Es decir, en nuestro caso el problema es grave.

Cómo frenar la corrupción

El problema puede abordarse desde distintos ángulos. Para muchos, la corrupción es un problema cultural y por lo tanto la solución pasa por lograr un cambio educacional que se refleje en la recuperación de los valores de honestidad, ética, solidaridad, etc. Esto implica lograr un cambio individual en las personas. Puede complementarse con un enfoque religioso, donde se busca incluso un cambio espiritual en cada uno, a través de volver a re-ligarse con el creador.

Sin pretender negar sino complementar dicho enfoque, preferimos abordar el problema desde el Enfoque Sistémico. Es decir, ver el problema dentro de un sistema holístico donde la cultura interacciona con el resto de los componentes del tejido económico, político, social y dentro de una estructura legal y el sistema de represión de los desvíos, es decir, el sistema de premios y castigos de cada sociedad.

Consideramos que los seres humanos están diseñados para adaptarse al medio donde viven, gracias a sus habilidades mentales. Así, cualquier grupo, corporación, sociedad o país, estará integrado por distintos tipos de individuos, algunos pocos podrán ser considerados santos, éticos o puros, que actuarán con honestidad en toda circunstancia en cualquier tipo de organización. Otros pocos actuarán deshonestamente en cualquier organización. Pero la gran mayoría se adapta al medio donde vive. Así, un argentino se comporta como un Chileno, un Suizo o un Inglés, cuando viaja a esos países. A partir del mismo momento en que cruza la frontera maneja respetando las normas de tránsito y jamás se le ocurrirá coimear a un policía. Asimismo, una empresa escandinava en cuyo país la corrupción es bajísima a los pocos meses de llegar a la Argentina puede adoptar las costumbres locales, incluyendo la evasión de impuestos y el comercio de favores, como lo atestigua Skanska.

La ventaja del enfoque sistémico es que nos permite ser optimistas con un rápido cambio de la situación simplemente si logramos cambiar los sistemas. No necesitamos reeducar a la población, o cosas por el estilo. Alcanza con independizar la Justicia, hacer cumplir las normas, aplicar las sanciones a rajatablas, eliminar las listas sábanas y hacer internas abiertas y simultáneas para airear la política, eliminar los super-poderes, reformar el sistema de impuestos y gasto público para que las decisiones se tomen en el nivel más bajo, más cercano a los ciudadanos, …

Un párrafo aparte merece la idea de achicar la intervención del Estado en la economía, dado que la competencia del mercado suele ser la mejor disciplina. La raíz del mal no radica en la corrupción sino en el sistema que la alimenta, la trenza entre las corporaciones industriales, sindicales y políticas que se reparten el botín de subsidios, protecciones especiales, prebendas y tarifas. Al decir de Milton Friedman, “corrupción es la intrusión del gobierno distorsionando la eficiencia del mercado a través de las regulaciones”. Basta pensar en el secretario de Comercio, Moreno, para imaginar de qué estamos hablando…  En todos los países donde el sector privado tiene una gran influencia estatal el nivel de corrupción es mucho mayor porque hay mayor discrecionalidad en las decisiones del gobierno sobre el mercado.

Por último, cabe recordar a Lord Acton que nos enseñó que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La solución entonces requiere ser republicanos, es decir, dividir el poder, recuperar el sistema de pesos y contrapesos, para lo cual es indispensable tener una JUSTICIA INDEPENDIENTE.

Agustin Etchebarne

presidente de Foro Republicano

agustin.etchebarne@fororepublicano.com

One Response

  1. Viendo el mapa de corrupción, es claro ver porque los países menos corruptos son los más ricos. Evidentemente, las causas que determinan esta particular disposición son históricas y no pueden ser ignoradas. Vemos claramente que los países con mayoría protestante son aquellos más ricos, algo que no debe sorprender si tenemos en cuenta que fue Max Weber el que se dió cuenta de ésta relacion hace un Siglo en su “La ética protestante y el espíritu del Capitalismo”
    Lamentablemente, la Iglesia Católica es sinónimo de atraso y de populismo en gran medida. Claramente ésto no se puede decir publicamente en un país como Argentina, con arriba del 94% de población católica. Pienso que por ello, por más que lleguemos a reformar las instituciones a la altura de España por lo menos, nunca vamos a igualar a los paises protestantes.

    Atte.

    Joel Clemant

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