¿El orgullo nacional de ser argentinos?

Personalmente preferiría una frase del tipo “el orgullo de ser parte de una sociedad respetuosa de cada uno de sus miembros, donde nadie deba sentir temor por el otro y menos aún por el gobierno”.
Queremos una sociedad cuya convivencia esté basada en el respeto al derecho que cada uno tiene a decidir su propio camino en la búsqueda de la felicidad.
Queremos vivir en una sociedad libre, abierta, donde todos los hombres sean iguales ante la ley, y ninguno deba sentir temor ante el otro y menos aún ante el Estado.
Queremos una sociedad donde el trabajo sea el camino para la riqueza y la realización personal, y donde el esfuerzo, el talento, la determinación y el carácter de los emprendedores, tengan su premio. Queremos una sociedad donde los que creen que el dinero se hace de cualquier modo excepto a través del trabajo honesto reciban la vergüenza que merecen.
Queremos una sociedad donde cada uno sea dueño del fruto del propio trabajo y completamente libre para ofrecerlo a los otros. Queremos una sociedad donde comprar, vender, transitar, enseñar, aprender, asociarse estén sujetas exclusivamente al acuerdo entre las partes. Queremos una sociedad donde pensar y publicar las propias ideas no produzca temor de perder el empleo o la vida.
Queremos una sociedad donde los padres decidan lo que las escuelas deben enseñar a sus hijos.
Queremos una sociedad donde los que deben estar presos estén presos y los que deben estar libres estén libres. Una sociedad donde la justicia falle según derecho y no según el interés del gobernante de ocasión.
Queremos una sociedad donde la democracia sea un proceso de descubrimiento de las ideas, los hombres, los programas que ayudan al progreso, y la promesa preelectoral un contrato de palabra inviolable. Queremos que los políticos sean hombres con vocación de servicio y representen a sus votantes, y no que se sirvan de ellos. Queremos que nuestros gobernantes nos hagan sentir orgullo y no vergüenza.
Queremos que cada uno sea dueño de sus ahorros, de decidir su propias previsiones para la vejez o el modo de cuidar de su salud. Queremos que los maestros vuelvan a ser venerados, respetados, admirados. Que los policías sean incorruptibles pues saben que protegiendo a todos protegen a sus hijos.
Queremos que los poderes del estado sirvan de límite a la arbitrariedad, y de protección a los derechos de cada uno.
Queremos que el estado se dedique a lo que debe hacer, que es lo que no podemos hacer los individuos por nosotros mismos.
Queremos una sociedad abierta, capaz de decidir y conducir su propio destino.
Queremos además que sea en paz.

Por Ruy Martínez Allende

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